¿Qué se vayan todos? Una apuesta colectiva al borde del abismo (Ana  Maria Fernández – Sandra Borakievich – Laura B. Rivera)

    I. Introducción.

    A partir de los acontecimientos que se vienen sucediendo en nuestro país desde fines de diciembre de 2001 y continúan aún hoy, diversos sectores sociales comenzaron a participar en diferentes tipos de movilización y formas de protesta que no respondían a las modalidades habituales.  La opinión de los medios, de dirigentes políticos y de intelectuales de diversas orientaciones políticas y/o ideológicas que consideraron en un primer momento que se trataba de una protesta de la clase media por la recuperación de sus ahorros parecía quedar estrecha para dar cuenta de este fenómeno.

    Si los piquetes en sus comienzos sorprendieron por las formas de contestación y modos de organización que instituyeron -diferentes a aquellos que históricamente habían caracterizado a los obreros argentinos- los cacerolazos y posteriormente las asambleas barriales también parecen hoy exceder las categorías con que habitualmente se clasifican las protestas ciudadanas.

    Desde esta inquietud, desde el mes de enero del 2002 se conformó un equipo de investigación de la Cátedra I de Teoría y Técnica de Grupos, Facultad de Psicología, U.B.A., con el propósito de realizar una rápida indagación que apuntara a distinguir algunos imaginarios políticos espontáneos de esas expresiones ciudadanas.

    Una primera caución de método en la tarea planteada fue garantizar, dentro de lo posible, una lectura no homogeneizante de las significaciones que sostienen las prácticas antes aludidas, por lo cual el criterio que guió la propia formación del equipo de trabajo ha sido mantener en el mismo la mayor heterogeneidad de  inscripciones políticas, generacionales, de géneros y de grados de formación y trayectoria académica entre sus integrantes .

    Por otro lado, la indagación, cuyas primeras impresiones -aún precarias- se relatarán en esta comunicación, se realiza recolectando material a partir de la asistencia a distintos cacelorazos (barriales, contra la Corte Suprema de Justicia, nacionales), a asambleas vecinales y a la asamblea interbarrial de Parque Centenario.

    En estos espacios, se llevan a cabo observaciones generales y de las características de funcionamiento de los dispositivos, como así también entrevistas a quienes concurren planteándoles, inicialmente, dos preguntas: 1) ¿por qué vino? ; 2) ¿cómo sigue esto? con el fin de explorar de qué modos los propios participantes significan estas prácticas.

    En cuanto al dispositivo de trabajo que el equipo se ha dado, habitualmente se realiza una breve reunión previa al inicio de las observaciones y entrevistas, se trabaja durante aproximadamente una hora relevando entrevistas y realizando observaciones en terreno de los dispositivos que se implementan, y se cierra la actividad del día con otra reunión de equipo en la que se realiza un intercambio de impresiones iniciales acerca del material, al mismo tiempo que se despliegan las distintas implicaciones de las/os integrantes del equipo que ese día realizaron trabajo de campo.  Posteriormente, se realizan reuniones en las cuales, más alejados de la inmediatez de la experiencia, se avanza en la lectura y análisis de los datos.

    II.  Algunas primeras impresiones.

    1.  La potencia del vacío: acerca de la consigna «Que se vayan todos.. que no quede ni uno solo».

    Es sin duda la consigna de mayor insistencia y tal vez la de mayor voltaje emocional.  Es también la prueba que daría la razón a aquellos que piensan que cacerolazos y asambleas no tienen ninguna propuesta consistente, «no van a ningún lado»,  «Si se van todos, después qué?».  En estos casos la consigna tiende a interpretarse en su literalidad.  Si es pensada como una guía de acción su inconsistencia se vuelve evidente.

    Pero tal vez podría interpretársela de otro modo.  No ya en su literalidad explícita sino desde aquello-que-deja-ahí latiendo el «que se vayan todos… que no quede ni uno solo».

    Históricamente los movimientos de revuelta social se han aglutinado alrededor de diferentes tipos de consignas y éstas han sido siempre fuertes organizadores de sentido programático y/o de acción, como también catalizadores identitarios. En algunos casos operan desde su literalidad, pero no siempre y de única manera.  «Libertad, Igualdad y Fraternidad», «Paz, pan y tierra», «La tierra para quien la trabaja», «No pasarán», «Ni yankees ni marxistas, peronistas», son algunas de ellas.

    En otros casos, como «Prohibido prohibir» o «Aparición con vida» no operan como una propuesta programática.  La primera no planteaba la posibilidad de concretar la abolición de las prohibiciones, ni las Madres esperaban ya que sus hijos estuvieran aún vivos.  Su potencia enunciativa radica justamente, en lo que su inviabilidad pone de manifiesto.  Confrontan con la política pensada como arte de lo posible y ponen en evidencia tanto el agotamiento de esas formas de la política como la radicalidad de aquello que habrá que inventar colectivamente.  Ponen a cada quien las canta y a cada quien las escucha frente a un vacío de sentido y de acción que no sólo denuncia, también interpela a inventar nuevos sentidos, a inaugurar formas de acción.

    Es en el linaje de estas consignas que tal vez habría que pensar «Que se vayan todos… que no quede ni uno solo».  Allí donde para algunos radicaría la limitación de este movimiento es donde abrevaría su potencia. Su importancia no estaría en la literalidad de una propuesta, sino justamente en el vacío que deja cuando reclama aquello que no es posible. Vacío de sentido que desde sus errancias necesarias y ­a partir de las latencias que provoca- demanda un desafío colectivo: la ineludible invención de lo por-venir. De tal modo podría decirse que es una consigna que, desde sus significancias vacías desafía, provoca a la dimensión instituyente de la imaginación colectiva para inventar nuevos universos de significación y nuevos cursos de acción.

    2. La fuerza de la diversidad

    Si hubiera que buscar una impresión más fuerte que otras a la hora de pensar reflexiones sobre estas acciones, es que quedan desbordadas las categorías habituales para pensar los procesos sociales.  Decir que es un fenómeno de la clase media aún desde un criterio descriptivo no dice mucho ya que participan sectores más «bajos» y más «altos» que la «clase media». En el cacerolazo a la Corte  impactaba la presencia de familias muy pobres, desocupados de Los Polvorines, Carapachay, La Matanza, Zona Sur, Haedo, Villa 21 (CCC) junto a señoras de sectores «altos» de San Isidro.  Una de ellas a la pregunta «¿por qué vino?», responde «Para apoyar al pueblo». No se desclasa, ella no se considera parte del pueblo -y no se equivoca-, pero algo la convoca y participa.  En el otro extremo, escuchamos a una mujer de 53 años, desempleada, de Los Polvorines: «Vengo porque falta el trabajo, porque queremos que se vayan todos éstos que nos gobernaron mal durante tantos años. Queremos darle de comer a nuestros hijos».

    Las clases sociales convergen pero no se mezclan, y ésto se expresa en el emplazamiento espacial: los sectores más humildes se ubicaron por Lavalle, a la izquierda del Palacio de Justicia; los más «acomodados», provenientes de Zona Norte, a la derecha, las asambleas barriales en el centro.

    No debe ser tan habitual que una protesta convoque a tan amplio espectro de sectores sociales.     Si bien ésta es una característica general de cacerolazos y asambleas, en el caso específico de los cacerolazos contra la Corte Suprema es bastante sorprendente la fuerza aglutinante de esta convocatoria por cuanto el distinguir la importancia estratégica de la re-estructuración de una Corte Suprema y concurrir hasta allí exige comprensiones y compromisos ciudadanos de mayor elaboración e implicación que salir a la calle en un rapto de indignación como ­según el relato de algunos protagonistas – había sido el motivo de salir a la calle de muchos de los manifestantes del cacerolazo del 19/12/2001, posterior al discurso del todavía presidente De la Rúa.

    Junto a la diversidad de sectores sociales que participan de cacerolazos y asambleas, otra nota es la diversidad etaria, desde adolescentes hasta ancianos/as.  Ancianos/as muy combativos, creativos, enojados, divertidos. Algunos/as con bastantes dificultades para desplazarse.  No son pocos. Sin duda, en la movilización de los/as ancianos/as opera como antecedente el movimiento de jubilados.

    No menor es la diversidad de género; los varones no hegemonizan ni la palabra ni las acciones.  Las vecinas amas de casa aportan su sentido organizativo al mismo tiempo que garantizan cuestiones de «la seguridad» de las asambleas (conocen a los vecinos).  Cortan el tránsito, discuten con la policía, organizan las compras comunitarias o la comida para los niños indigentes de la cuadra.

    En el trabajo de campo, la frase «yo no tengo nada que perder» aparece recurrentemente en respuesta a la pregunta «por qué vino?».  La consigna «que se vayan todos… que no quede ni uno solo» y la respuesta «yo no tengo nada que perder», son las frases que más han insistido hasta ahora.    En esta situación los que no tienen nada que perder pertenecen a muy diversos sectores sociales.  Atraviesa las clases sociales y justamente hace potencia en su transversalidad.

    Los que «no tienen nada que perder» han sido pensados históricamente como aquellos capaces de salir a la calle para cambiar las cosas. Desde los marxismos han sido sinónimo de «clase obrera», «proletariado», y desde los peronismos sinónimo de «el pueblo», «los descamisados».

    Ante la vertiginosidad de la crisis los que no tienen hoy nada que perder en Argentina desbordan los recortes sociales hechos desde las teorías.

    Esta movilización de muchos estaría reflejando más que a los que históricamente no tienen nada que perder: los de más bajos ingresos de una sociedad salarial, a aquellos que vertiginosamente han perdido lo que tenían: salario, empleo, jubilación, ahorros, empresa, vivienda, profesión u oficio, pero también futuro, dignidad: «Vengo por el futuro de mis hijos» es otra frase muy escuchada.

    Se produciría así una particular convergencia social desde la diversidad de sus históricas pertenencias de clase.  Dice una vecina: «Aunque no tengo un problema personal, vengo por solidaridad con la gente que sí lo tiene. Además, a la larga lo voy a tener yo» (31 años, empleada, asamblea de Scalabrini Ortiz y Santa Fe). Realismo en acto de tiempos sombríos de próximos desposeídos.  Desposeídos de hoy con próximos desposeídos que intentan transitar a contra mano la pendiente social. «El trabajo en conjunto es la única manera de sacar las cosas adelante. Individualmente no se podría lograr» .  Particular convergencia de los pobres de siempre, los nuevos pobres y los futuros pobres. Distintos grados de pobrezas materiales, distintos grados de pendiente social pero todos despojados de sus bienes simbólicos, expropiados de futuro, sustraídos hasta la extenuación de sus esperanzas.

    Ya no se trata de reivindicaciones de una clase, género, organización, sino que converge una multiplicidad de componentes, motivos y reclamos. Protesta rizomática y no vertical, donde la potencia estaría en la diversidad de:

    –    motivos de reclamos: corralito, desocupación, por el futuro de los hijos, por la salud, la educación, por los créditos hipotecarios, en defensa de los hemofílicos, por los pibes de Floresta (asesinados el 20/12/2001), rechazo al ALCA, defensa de SADAIC, aniversario de la muerte de Cabezas,
    etc.
      –    formas de expresión: cacerola, llavero , tapas de cacerolas, botellas de plástico, campanita, bongóes, maracas, trompetas, muñecos alegóricos de diverso tamaño,  pancartas caseras: «Justicia. Hoy: Suprema a la cacerola», «Chorros», «Para vivir el mañana hay que pelear el ahora», «Disculpe las molestias, estamos manifestando por usted» , etc.
    –    edades –    implicaciones emocionales: bronca, hartazgo, insultos, alegría, tristeza, angustia, entusiasmo, euforia. –    grados de participación: una vecina manda un e-mail a la asamblea de Colegiales: «Los miro desde la ventana, todas las semanas.  Todavía no me animé a bajar».  Otro dice emocionado: «Tengo 57 años y es la primera vez que participo de una asamblea», junto a antiguos militantes que participan con renovado entusiasmo.
    –    Saberes: vecino/as que son médicos/as, arquitectos/as, abogados/as, aportan sus conocimientos técnicos en relación al problema de los medicamentos, para proyectos de autoconstrucción de viviendas, para reclamos legales, etc. Vecinos/as que han sido militantes arriman criterios de seguridad para el traslado de las columnas de sus barrios a Plaza de Mayo. Vecinas amas de casa que aportan lógicas domesticas para las más variadas cuestiones organizativas. Jóvenes que traen su experiencia de las canchas de fútbol.

    Dice una vecina de Almagro- Balvanera: «Hay que transmitir los saberes… los jóvenes vienen de toda una experiencia en la cancha. La otra vez los veía en la Plaza. …había una columna de pibes que hacía el aguante a la policía. Tenían una facilidad para inventar consignas!… Uno me dijo «yo tengo cinco años de River!»… La policía les da con palos, les tira gases en la cancha… Tienen una gimnasia…!!!» –    estrategias frente al Estado: petitorios, reclamos, escraches, gestión de ayudas, subsidios, planes Trabajar, recursos de amparo, presupuesto participativo, etc.

    –    estrategias con prescindencia del Estado: formas de gestión alternativas y/o autogestionarias, compras comunitarias, clubes del trueque, censo de vecinos desocupados, bolsas de trabajo, comedores, atención psicológica en la plaza del barrio, etc.
    –    estrategias frente a la gobernabilidad: coexisten acciones de reconocimiento y acciones de deslegitimación a la democracia representativa. Se plantean opciones como elecciones ya, asamblea constituyente junto a «son todos corruptos», «que se vayan todos», etc.
    –    puesta en acto de democracia directa que no entran en contradicción con los puntos anteriores.  Fuerte preocupación en algunas asambleas barriales por garantizar la libre deliberación.
    –    formas de organización: las asambleas son muy dispares en cuanto al tipo de comisiones que ya han formado y el grado de producción de las mismas alcanzados hasta la fecha, como así también de los modos y formas de seguridad que vienen adoptando.

    3. De vagabundeos identitarios

    El barrio -hasta ahora y en la mayoría de los barrios más céntricos de la Capital Federal, sólo lugar de localización habitacional y en algunos de ellos signo directo o indirecto de status- pareciera comenzar a cobrar otras significaciones más de corte identitario. Los vecinos se nuclean previamente en su esquina para concurrir muchas veces en familia, con bebés y niños de diversas edades, a Plaza de Mayo a los cacerolazos.  Esperan a otros barrios más alejados e incluso una vez que han partido vuelven a nuclearse nuevos grupos en la esquina . Asambleas y comisiones de trabajo también se reúnen allí para sus deliberaciones.

    Ahora comienzan a pertenecer al barrio en el que viven. En las asambleas las mujeres piden la palabra sin inhibiciones.  Su participación parece mayor que en las formas habituales de la política (partidos, sindicatos, centros de estudiantes).  Tal vez por la familiaridad que el barrio tiene desde siempre para ellas.

    Salir a la calle ya no es más patrimonio de hombres (ver documentales de los años ?40-?50) o de jóvenes (años ?70).  Ni de organizaciones (sindicatos, partidos, centros de estudiantes).  Ni de gente suelta (últimos aniversarios del Golpe de Estado). En un cacerolazo a la Corte Suprema una mujer se identifica como «desocupada – empresaria».  Se identifica (construye identidad) ya no por su clase social (propietaria de empresa) sino por el rasgo desocupada.  No dice «ex-empresaria», que la ubicaría en el conjunto «empresarios sin empresa», sino «desocupada – empresaria», estableciendo una línea identitaria al rasgo con el conjunto «desocupados» que ya recorre transversalmente muy amplios sectores sociales. Al finalizar una asamblea interbarrial, un joven se nos acerca espontáneamente a comentar las resoluciones de la asamblea y se presenta como «un asambleísta».    En ambos casos, la participación en las acciones colectivas introduce nuevos referentes identitarios que dan cuenta de investimentos en acto -con otros -con nuevos otros- de sus percepciones de sí. «El barrio» no reemplaza ni subsume a otras formas de instituciones sociales sino que agrega ­ tal vez entrame- pertenencia, filiación. Identidades, pertenencias y filiaciones que se instituyen por agregación en el bordado de las prácticas y percepciones de sí con las transformaciones simultáneas de las prácticas y percepciones de sí de muchos otros.  Es un entre-muchos.

    4.  La radicalidad de la inmediatez: «Si pago los impuestos no como».

    En una asamblea de Congreso, frente a un incipiente debate sobre si habrá que llamar a elecciones y/o Asamblea Constituyente, un joven vecino, que dice que es la primera vez que concurre plantea:

    «Yo ni sé ni lo que quiere decir Asamblea constituyente!. Vamos a elegir siempre a los mismos; ellos van a arreglar la Constitución?, qué van a solucionar…  Yo no le quiero pedir nada al Estado. Si pago los impuestos no como.  Resolvamos los problemas de la cuadra: compras comunitarias, ver cuántos desocupados hay en el barrio… Tenemos que coordinar actividades concretas en el barrio.  Si Duhalde se tiene que ir, si hay que llamar a Asamblea Constituyente… No sé…Dónde concentramos las energías? O en organizarnos para ver qué podemos hacer nosotros o si hay que llamar a elecciones…»

    Pese al contenido de la intervención, el tono no es desesperado, sino que habla, más bien invitando a la reflexión.  Es aplaudido, aún por los que intentaban debatir el tema de las elecciones. Otro dice muy indignado (grita, gesticula) en un cacerolazo: «No la quieren entender… Nos estamos cagando de hambre!!!…».

    Tradicionalmente se ha ponderado la capacidad transformadora de una revuelta social -entre otras cosas- por la radicalidad de su utopía.  Aquí ésto tampoco parecería ser un parámetro del todo pertinente. En las expresiones: «si pago los impuestos, no como», «nos estamos cagando de hambre», la radicalidad, si la hubiera, estaría dada por la fuerza feroz de la inmediatez.


    Sin narrativa utópica, pero con brutal lucidez de los despojos cometidos, «El Estado», «los políticos» ya no generan expectativas.    En el primer cacerolazo, después de la asunción de Duhalde, en la Plaza de Mayo, una vecina dice, frente a la cuestión de las elecciones: «No sé si se tiene que ir Duhalde.  Me da igual.  Que se quede y lo arregle, que él fue parte de este desastre.  Total el que venga va a ser igual.  Nosotros tenemos que organizarnos y controlarlos bien para que no puedan robar». De igual modo, la potencia colectiva que hoy sale a la calle e inventa, diseña también ­en su diversidad- formas poco democráticas. De hecho, las incipientes formas de democracia directa que van apareciendo no siempre deciden desde posiciones «progresistas». En varias asambleas barriales se ha votado que no se atienda a extranjeros en los hospitales públicos y que se ponga coto a la inmigración desde países limítrofes. En algunos el rechazo a oradores de partidos de izquierda o gremialistas, no sólo expresa la necesidad de resguardo de la libre deliberación y/o el descreimiento de estas formas muy instituidas de la política. Muchas veces constituyen francas expresiones de intolerancia y/o opiniones de derecha. En otros casos, no es la intolerancia sino el dolor frente a las izquierdas que no pueden salir de sus esquemas históricos y pensar ­ y escuchar ­ de otro modo. Dice una asambleísta de Almagro/ Balvanera, docente, «con años de militancia sindical y política»: «yo creo que toda la dirigencia tiene que revalidar sus títulos, también los de izquierda. El imaginario político de izquierda está queriendo meter el mar en una botella…»

    Democracia representativa, partidos de izquierda, militares que pongan orden, violencia, líderes mesiánicos, asistencialismo clientelar -opciones históricas argentinas-  parecen haber desgastado sus universos de significaciones. Si la representación, los líderes mesiánicos, las «vanguardias», el autoritarismo ya no serían los modos por los que la protesta tome cauce, por dónde entonces?   En el mar de la protesta, inquieto, tormentoso, nada permite predecir hoy el rumbo. Los sentidos políticos conocidos parecen estallados, pero pueden ser recapturados aún en sus formas más tradicionales. Y tal vez sea, justamente, en la imprevisivilidad de poder anticipar su curso que radique otro de los elementos por donde pueda pensarse la doble dimensión de maravilla y horror de una revuelta social. En los vaciamientos de sentido circulantes en cacerolazos y asambleas hay hartazgo e indignación, pero no están abrumados ni paralizados; tienen mucho por hacer. En la diversidad de estos «muchos»
    parece haber un brumoso «nosotros» que produce empoderamiento, potencia, sentido. Habrá tiempo?

    5.  La brutal vertiginosidad

    Es difícil pensar fenómenos sociales que se transforman de un modo tan vertiginoso. De las cacerolas sin palabras, del ruido y la bronca sin discurso de las primeras manifestaciones, semana a semana se producen en las asambleas barriales avances en la organización, en la reflexión y comprensión de lo que ha sucedido y de las tareas para emprender. Cuesta creer que estas asambleas barriales que espontáneamente aglutinaron a los primeros caceroleros tienen menos de dos meses  de funcionamiento. Muchos de los vecinos/as han aprendido aceleradamente los modos de participación y coordinación de estas formas deliberativas. Se agregan con otros -que desempolvan viejas prácticas de asamblea posiblemente estudiantiles y/o sindicales- y en variados entramados de saberes y prácticas antiguos y nuevos avanzan en la construcción de sus rutinas democráticas.

    Es interesante observar también el vertiginoso avance en la calidad de las propuestas. De la bronca, la queja, el testimonio angustiado de situaciones personales, a propuestas ­que en algunos casos- llaman la atención con su originalidad.

    Vertiginosidad creativa en las formas de soluciones alternativas que emergen: compras comunitarias, bolsas de trabajo, censos barriales de desocupados, microemprendimientos, comedores para niños de casas ocupadas, comisión de análisis de decretos!!! («Como cambian todos los días…»), recursos de amparo.  Producción de genéricos para proveer al hospital del barrio, clubes del trueque, incipientes proyectos de cooperativas autogestivas, etc. Sólo a título de ejemplo, ya el 11 de febrero la asamblea vecinal de Carapachay resolvió: –   Desocupados: Se creó una comisión que se encargará de censar a los vecinos. Se aprobó la moción de buscar la manera de instrumentar la creación de unidades productivas con desocupados. Se aprobó reunir los telegramas de despido para presentarlos colectivamente en la Municipalidad de Vicente López, justificando de esta manera el no pago de impuestos y servicios para que no sean cortados, ni se inicien contra los vecinos acciones legales.

    Se aprobó buscar la manera de instrumentar legalmente el     no pago generalizado de la tasa de alumbrado-barrido- limpieza, mediante la creación y depósito de los montos en una cuenta judicial.

    –  Municipal:  No se aprobó el escrache a concejales municipales, debido a  que se está discutiendo la posibilidad de citarlos previamente a la asamblea para responder a las inquietudes de los vecinos acerca de sus sueldos, horarios de trabajo, proyectos en los que haya trabajado, etc.  De no presentarse, se realizarían los escraches correspondientes. Se aprobó pedir una auditoría pública para saber en qué gasta el municipio el dinero de los vecinos. Se aprobó dirigirse a la delegación municipal para conocer a sus miembros e intentar saber sus horarios de trabajo, sueldos y una explicación a la gran cantidad de empleados que posee siendo el nuestro un barrio pequeño. Se formó una comisión del trueque, con motivo de formar un nodo en nuestro barrio.

    Se formó una comisión del comercio, que se encargará de hablar con los comerciantes del barrio para tratar de mantener los precios lo más bajos posible y de esa manera intentar presentarle competencia real al supermercado Norte.  Se aprobó la moción de buscar la manera de instrumentar algún tipo de seguridad para esta asamblea, tanto cuando se  reúna como para cuando asista a marchas o protestas masivas. Se aprobó apoyar al Htal. V. López y buscar la manera de instrumentar algún tipo de intercambio de materiales necesarios con otros hospitales de la zona. Se creó una comisión de educación que se encargará de informar a la asamblea de qué se trata la Municipalización de las Escuelas.  Dejando sentada la disconformidad de los vecinos con esta intención».

    También es de relevancia subrayar que esta vertiginosidad no surge de la nada.  Se apoya en experiencias barriales previas, a veces de larga data, que no han tenido espacio en los medios y suelen ser muy poco conocidas.  Sirven de base a esta ola que va transformando lo anterior en algo nuevo.  Es muy elocuente al respecto el testimonio de una integrante de la asamblea de San Telmo :

    «Nosotros, en San Telmo, trabajamos con el trueque desde hace mucho tiempo; y también con la gente.  Yo hace siete años que vengo interviniendo en asociaciones de vecinos.  Impedimos que enrejaran el Parque Lezama, trabajamos en la comisión de Derechos Humanos de San Telmo, con la colonia para los chicos.  De ese modo uno va sabiendo las necesidades de su barrio.  Los primeros días de enero nos juntamos en un grupo de vecinospara armar una asamblea, porque se veía que era necesario. La gente enseguida vino: clase baja, clase media e incluso clase media tirando a alta.  Empezamos a trabajar, a organizarnos, a ver qué necesidades había, a marchar como todos.  Cortábamos todos los jueves Independencia y Defensa.  Ya no era un cacerolazo, era un piquete.  Ese sector del barrio es la zona más carenciada, hay hoteles municipales, casas tomadas, departamentos alquilados de los que se deben meses de alquiler.  Yo hace dos meses que no pago el alquiler ni expensas, porque no cobro el sueldo, aunque tengo que seguir trabajando.

    Empezamos a organizarnos.  Como ya tenemos un relevamiento por el tema del trueque, teníamos datos de gente que estaba al borde de la desaparición, que no tiene ni para comer. Entonces, ya en la segunda reunión empezamos a crear comisiones: de Desocupados, de Prensa y Difusión, de Gestión -encargada de hablar con el Gobierno de la Ciudad-, de Salud, de Prensa Barrial -distribución de volantes, poner una mesa y hablar con la gente-.  La comisión de Desocupados se creó con el concepto de que todos los que participen deben ser desocupados del barrio porque nadie sabe mejor que ellos la situación que pasan, y quién está peor que el otro».

    Diversidad y vertiginosidad presentan una constante: consideran que el valor, la fuerza de la protesta está en que sea pacífica.  Avanzan en medidas de seguridad frente a posibles provocadores y/o represión policial. «Violencia es mentir». Los caceroleros al interior de los bancos no toman el banco, lo cacerolean.  No siempre, ni en todos es una expresión de bronca, suelen bailar al son de la cacerola. Se organizan «Carnavales de la Protesta» en Liniers.

    Vertiginosidad en las implicaciones personales.  Muchos dicen haber salido de la desesperación en el trabajo colectivo. Quienes trabajan en los centros telefónicos de atención al suicida comentan que los días de cacerolazo, disminuyen sensiblemente los llamados de eventuales suicidas. Vertiginosidad también en las transformaciones de ideas o recelos previos a unirse con otros sectores golpeados por la crisis como, por ejemplo, los piqueteros.  Luego de la Asamblea Interbarrial del 26/1/02, un joven se nos acerca y dice que al principio no estaba de acuerdo con unir ambas manifestaciones «por las internas de los piqueteros… Ahí están muy metidos los sindicatos», pero comenta que en el transcurso de la asamblea cambió de opinión.  Es interesante el argumento desde donde pensó que debía ir a recibirlos a Liniers: «Mientras yo estaba en un tupper ellos estaban haciendo el aguante en la ruta, cómo ahora no  voy a ir?…»   Producción de subjetividad en acto, abrochamiento de sentido que es posible a partir de un dispositivo (la asamblea y su particular forma de coordinación) que dispone un muchos que no unifica molarmente ni tampoco disgrega.  Que descree de los poderes establecidos, se aleja del Estado, para resolver lo inmediato, pero no lo abandona, en tanto propone su control. Un «muchos» que no es el pueblo de la Nación, aunque se grita «Argentina, Argentina» con fervor.

    Tal vez ya no es sólo una protesta.  Tal vez se esté gestando  un proceso de imaginación colectiva instituyente que descree del Estado, pero le exige y tratará de «controlarlo».  Descree del Estado como garante del bien común, pero le exige.  Se autonomiza de él pero tratará de controlarlo.  Se plantea no transferir sus derechos; no intenta transformarse en gobierno y parece combinar la radicalidad de la inmediatez con estrategias sin tiempo en la construcción poderes ciudadanos.

    Habrá que pensar cómo se estarían articulando la diversidad (de clases, de edades, de géneros, de motivos, de implicaciones, de formas de organización, de saberes) con la vertiginosidad (de los hechos, de los avances organizativos, de las propuestas alternativas, de las implicaciones personales, de los cambios en la comprensión de lo que sucede, en la percepción de sí y de los otros y en las decisiones de lo que hay que hacer).  Diversidad y vertiginosidad producen tal vez la singularidad de las potencias que día a día construye esta invención colectiva.  Un muchos que hoy no se asusta del caos, que no teme la anarquía, que parece haber estallado los cercos de sentido y de acción de la representación política y el asistencialismo. Son momentos de otras formas de empoderamiento colectivo.  Nada garantiza a dónde irá.  Los cercos de sentido instituidos se agotan, estallan, «no va más», pero nadie puede asegurar que no serán recapturados.  Y lo que es peor, nada garantiza que sus actores no puedan ser amedrentados o ferozmente reprimidos.  Es tarea de cada uno/a aportar en la construcción de las libertades por venir.

    III.  ¿A modo de ?

    Muchos han salido a la calle en la Argentina.  Es más sencillo, posiblemente, decir de dónde vienen que a dónde van.  Espacios y movimientos colectivos de los que no puede predecirse derrotero pero que parecen tomar el desafío de armar sus potencias desde la brutalidad de los saqueos de diverso orden de los que han sido objeto, pero también desde ese hacerse cargo finalmente de sus vacíos de significancia. Ya no queda tiempo ni lugar para sostener inocencias.  Imposible saber si lograrán producir realidad desde una imaginación colectiva instituyente que sea capaz de inventar nuevos universos de significación y nuevos cursos de acción, pero lo intentan.  Balbuceos y torpezas que ganan en el día a día de la esquina y la plaza alguna lucidez y no menores precisiones. Parecen empoderarse desde inagotables diversidades, de allí tantos esfuerzos -no sólo de las izquierdas, sino de todo el espectro político- de meter el mar en una botella.  Arma potencia en sus transversalidades.  En agregación nuclea a muchos.  Muchos que vertiginosamente han perdido todo o gran parte de lo que tenían y desde tales pérdidas comienzan a mirar de otro modo a los que nunca tuvieron.  Todavía los miran desde lejos pero éste  entre-muchos pareciera desplegar débilmente aún nuevas pertenencias y filiaciones que arman vacilantes rasgos identitarios -impensables hasta hace poco- y combina particulares bordados de prácticas y percepciones de sí en simultáneo con las de muchos-otros.
    Despojos múltiples, diversos, que instalan una inmediatez que tal vez construya alguna radicalidad transformadora.  Vertiginosidades de todo tipo que impiden en cada uno que algo quede como antes era.

    Vertiginosidad e inmediatez parecieran articularse, agregarse desde sus diversidades en potencia colectiva. Singularidad de este salir a la calle que parece sostener desde sus emplazamientos la angustia de la vertiginosidad de la pendiente junto a los acumulados saberes históricos, colectivos, de las estrategias sin tiempo.  Premura y paciencia en esta loca idea de querer inventar, al borde del abismo, una apuesta colectiva.

    Buenos Aires, 24 de febrero, 2002.-
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    Notas
    1Formación del equipo de investigación:  Lic.  Ana María Fernández (Profesora Titular), Lic. Sandra Borakievich (Jefa de Trabajos Prácticos), Laura B. Rivera (Ayudantes de Primera), Lic. Roxana Amendolaro, Diego Busciglio, Lorena Cascallana, Amaranta Ibáñez y Rodrigo Santillán (Ayudantes
    de Segunda) y, recientemente incorporadas, Paloma Herrera y Lic. Cecilia Calloway.

    2 Se observó el segundo cacerolazo (17/1/02) y ya había asambleas barriales de gran número de barrios de la Capital Federal (Villa Urquiza, Barracas, Villa del Parque, Balvanera, Belgrano, San Telmo, Belgrano-Núñez, Paternal, Flores Norte, Saavedra).
    3 Se entrevistó también a personas que participaron en cacerolazos, con posterioridad a los mismos.
    4 Asambleísta de San Telmo, diario Página/12, suplemento «Las Doce», 22-02-02.
      5 Los damnificados de créditos hipotecarios manifiestan haciendo sonar su llavero y, generalmente tratan de que sus reclamos se identifiquen y diferencien del resto de este modo
    6 Es muy interesante observar el movimiento de los vecinos autoconvocados en su esquina un día de cacerolazo. A las 20hs. llegan los primeros con el cartel del barrio y alguna cacerola. Se van agrupando; cuando son más ya pueden cortar el tránsito y , en algunos casos, queman bolsas de basura. Los «habitues» de la asamblea vecinal se saludan, hay un clima festivo, amigable. Esperan a otros barrios mas alejados en la línea de la avenida en la que están situados. A eso de las 22hs parten muchos hacia la Plaza de Mayo, quedando unos pocos en la esquina. Poco a poco esta se vuelve a poblar de caceroleros recientes que toman la posta; otra vez son muchos y permanecen allí hasta altas horas. A veces al llegar nuevos grupos de otros barrios parte otro contingente a la plaza. Desde Nuñez y Belgrano, por Av.Santa Fe. Desde Liniers y Flores por Av. Rivadavia. La esquina queda un poco despoblada, pero al rato se vuelve a nutrir de nuevas cacerolas.  Así hasta muy tarde.  Lo mismo ocurre en Plaza de Mayo donde, en algunas ocasiones las columnas de los barrios más alejados están entrando a la plaza cerca de las 24hs., cuando los que llegaron más temprano ya comienzan a desconcentrar. Nadie parece dirigir estos sucesivos desplazamientos y agrupamientos que, sin embargo, parecen tener sus propios ordenamientos.
    7 María Eugenia Corvalán Alarcón, integrante de la asamblea barrial de San Telmo, publicado por suplemento «Las Doce», diario Página/12, 22/02/02.

    (Publicado en Campo Grupal Nº 32. Marzo de 2002)