La función de lo creativo en la investigación (Leonardo Montecchi)

    Mi contribución al encuentro Lapassade: “Une pensé et des pratiques pour aujourd’hui

    Quien no hace investigación no tiene derecho a la palabra
    Mao Tze Tung

     

    Dedicado a casa Madiba y casa don Gallo de Rimini

    (traducción del italiano por Marcella Chiarappa)

    Comienzo por el pensamiento, seguramente, pero por ese tipo de pensamiento que llega a concretarse, se vuelve acción, relación, se vuelve organización, transforma la materia y el espacio, un pensamiento hecho de flujos, de emociones que se vuelven conceptos, de deseos que pliegan el espacio y construyen nuestro habitar poético en este mundo, como decía Hölderlin. Debemos pensar en la praxis.

    Estos flujos creativos pues, están hechos, desechos de una regularidad, mutación de un código que- de lo contrario- se reproduciría siempre de la misma manera.

    Las pequeñas imperfecciones, las grietas, las fisuras, son signo de esta actividad creativa.

    Un poco de baile irregular, una variación de ritmo, un ingrediente inesperado en un plato conocido.

    Los creativos no se identifican con los artistas –o mejor- los artistas no son solo los pintores, los músicos, los escritores, los poetas, sino también lo son los taberneros, los albañiles, los operadores de un call center, los empleados de un supermercado, los que hacen videos, los técnicos, los científicos y así sucesivamente.

    Cada actividad se nos presenta con su propia rutina, con un aspecto instituido hecho de normas y costumbres que definen la circulación del poder, de la sexualidad y del dinero en esa situación específica.

    La situación así definida puede ser la de un call center, una discoteca, un laboratorio de investigación, un centro social auto-dirigido o un grupo familiar.

    En todas estas situaciones encontramos una rutina instituida con un código que regula la comunicación mediante la asignación y la asunción de roles previstos para esa situación específica. Pero cualquier situación no solo presenta el plano instituido, este es solamente uno en la multitud de planos posibles que pueden inter-sectarse según cómo se defina la situación específica.

    Los planos latentes pueden presentar aspectos instituyentes que tal vez emergen en el plano instituido y pueden ser analizadores de la situación.

    Estos aspectos se refieren siempre a la circulación del poder, del dinero y de la sexualidad.

    Los creativos se hacen cargo de los aspectos latentes que circulan en la situación y los manifiestan con gestos, con palabras o con comportamientos.

    Desde estas fisuras transitan los aspectos inconscientes de la situación determinada.

    A veces, lo que tenía que permanecer oculto aparece a través de lo creativo de la situación. Pensamos en el miembro de una familia que recibe como depositación la ansiedad de todos y luego este se enferma y produce un síntoma, por ejemplo, un delirio que revela aspectos que debían permanecer ocultos: secretos familiares, duelos, abandonos, traiciones, seducciones, violencias, incestos.

    Este creativo es un agente de cambio, es un portador de novedad para el aspecto instituido, motivo por el cual se coluden en su contra todas las resistencias. Los creativos son odiados porque rompen el plano instituido y producen incertidumbre, hacen emerger elementos, emociones, aspectos que quedaron afuera, debajo, arriba, al lado cuando se instituye una situación.

    Ellos son lo ominoso de lo cual habla Freud. Lo Unheimliche.

    Obviamente, la definición de cualquier situación deja indefinidas todas las otras posibles situaciones que, por otra parte, presionan sobre la situación dada para producir una dinámica de cambio.

    Los creativos, con su sensibilidad, son los receptores de todas las situaciones indefinidas que fueron puestas al margen por la definición de la situación.

    Por ejemplo, una situación definida como “lección universitaria de fisiología” deja al margen todas las otras definiciones posibles de situación, como por ejemplo, una fiesta, un concierto de música clásica, una discusión sobre las masacres en el Mediterráneo.

    El aspecto instituido de esa situación prevé un docente que proyecta unas diapositivas y explica la fisiología de la respiración a los estudiantes quienes, en silencio, toman apuntes.

    Pero puede haber un ruido de fondo, no siempre “no vuela ni una mosca”. Se habla de las masacres en el Mediterráneo, alguien dice que hay una manifestación, hay un portavoz que molesta. En un momento dado, alguien rompe el silencio. Se oye una voz más alta de un estudiante que dice: “profesor, queremos discutir sobre las masacres en el Mediterráneo”.

    He aquí el creativo que está actuando y se hace cargo de hacer surgir un aspecto latente de la situación, en su contra se coluden las fuerzas de la resistencia al cambio.

    El drama del creativo es expresado por Ejzenstejn en la escena clave del “Acorazado Potemkin”. Bajo las órdenes de los oficiales y del comandante, la guardia armada reagrupa en proa a los marinos que habían rehusado comer el alimento echado a perder. Los cubre con una lona y está a punto de obedecer las órdenes de disparar cuando el marinero Vakulincuk dice: ¿Qué hacen hermanos?”. Un momento de suspenso y luego, la situación que se había definido como la ejecución de los revoltosos, se vuelve motín de la tripulación en contra de la tiranía idiota del capitán y de los oficiales porque los soldados desobedecen la orden.

    Durante la revuelta, Vakulnicuk resulta muerto. Su cuerpo es llevado a Odessa y es honrado por una enorme muchedumbre.

    Debemos construir situaciones en las que este drama no se repita siempre de la misma manera. Los creativos pueden organizar una red de relaciones para protegerse y para evitar que el odio se coluda en contra de ellos.

    En particular, este momento histórico parece caracterizarse por el odio hacia los creativos.

    La dinámica social de cambio se ha involucionado, la innovación y la creación que se manifiestan en el plano instituido son objeto de odio y de envidia y los agentes del cambio, ya sea que se presenten como individuos, grupos o instituciones, soportan la presión adyacente del establishment, ellos son aislados, vueltos inofensivos, desnaturalizados y transformados en capitanes de una falsa transformación. O bien enferman o llegan a ser captados al plano instituido perdiendo así totalmente su carga creativa e innovadora.

    Vivimos el momento de las pasiones tristes que perdieron el mundo; de la ideología aseguradora al miedo a lo distinto.

    Llegados a este punto, cada disturbio de la rutina cotidiana es vivido como una agresión.

    En este momento, la investigación lapassadiana rompe la rutina y hace emerger lo posible. Pero es necesario organizarse para defenderse de los ataques contra lo creativo.

    Nos espera una nueva escena que debemos construir re-combinando los códigos genéticos de los movimientos que nos han traído hasta aquí.

    Nos espera nuevamente la praxis que está hecha de esquemas conceptuales y operativos que derivan de la experiencia y, por lo tanto, trabajaremos para crear vínculos afectivos y cognitivos alrededor de la tarea del cambio, por esta razón son necesarias las pasiones calientes de la revolución cultural. La nostalgia, el resentimiento, la envidia, no son nuestros sentimientos, nosotros cultivamos la amistad, la admiración, el amor.

    Referencias Bibliográficas

    Friedrich Hölderlin: Poesías. Il corriere della sera. Antonio Gramsci: I quaderni del carcere. Einaudi. Georges Lapassade: L’istituente ordinario. Pensa Editore. Gilles Deleuze, Felix Guattari: Millepian. Utet.

    Sigmund Freud: “Lo ominoso”. Boringhieri. Armando Bauleo: Ideología, grupo y familia.

    Enrique Pichon-Rivière: El proceso creador. Nueva Visión. Leonardo Montecchi: Varchi. Pitagora.

    Filmografía:

    Sergei Ejzenstejn: El acorazado Potemkin.