Los fantasmas en los grupos. La poesía en psicoterapia (Eduardo Pavlovsky)

Voy a intentar describirles partes de una sesión de grupo de adolescentes, pero voy a recurrir a un artificio. Voy a suponer que lo que veo en la sesión no son sólo los pacientes que están sentados a mi lado. Voy a poblar en mi relato otros personajes imaginarios que habitan la sesión.

Los invito a que intenten imaginar. Les quiero decir que plasmen en ustedes mismos imágenes en el transcurso de mi relato. La psicoterapia muere sin la imaginación. Imaginen lo que imagino. Yo intentaré imaginar lo que ustedes imaginan, y ustedes intenten imaginar lo que yo imagino de lo que ustedes imaginan. Hagamos un poco de poesía. Juguemos, hagamos de lo lúdico un continuo entrenamiento. Que la teoría nos penetre sin darnos cuenta. Aprendamos a sorprendernos, juguemos con la sorpresa. Lo terrible es dejar de sorprenderse. Ahí en ese punto trágico muere el amor y la creación.

“Nada prepara una imagen poética; ni la cultura en el modo literario, ni la percepción en el modo psicológico”.

Las imágenes sin significado psicoanalítico pero con significación poética (Bachelard). La imagen sin antecedentes previos.

“La imaginación es una potencia mayor de la naturaleza humana. No la dejemos perder nunca si queremos hacer buena psicoterapia. Hay que unir una función de lo irreal igualmente positiva.

Les dije que me acompañen. Les invito, entonces, a esta sesión imaginaria.

Imaginen un cuarto de paredes blancas. Está vacío. (Pausa) Ustedes (o yo); cada uno de ustedes está sentado en el suelo. No hay nadie más que ustedes y el cuarto con paredes blancas. (Pausa) Les prevengo que sino están en el cuarto, sentados, no vamos a poder jugar. Si están interfiriendo con otras imágenes no podemos seguir. Dejen de lado esas dos o tres ideas que se les meten en el cuarto; ciérrenles la puerta. Esas ideas que quieren penetrar son las mismas que interfieren con sus pacientes. Son nuestras ideas previas las que no nos dejan sorprender. Las que nos impiden jugar. Las que nos impiden comprender.

Por una puerta entra una joven delgada, María, de unos dieciocho años. Es bastante bonita. Tiene un aire melancólico. Cuando camina pareciera que quisiera esconder el cuerpo. Como si el cuerpo no fuera de ella. Ojos negros. Boca mediana. Su cara es alargada. Su mirada es penetrante, pero no puede sostener su mirada porque se asusta. Baja la vista. Tiene pelo largo. A veces el pelo le tapa la cara. Ella juega un poco con eso. Son gestos que dan poder. Seduce. Pero se asusta cuando se da cuenta que logró su objetivo. Como si en ese preciso momento tomara brusca conciencia de su cuerpo y del cuerpo del otro. Después del susto se saca el cuerpo de encima y queda sin cuerpo. La mayoría del tiempo está sin cuerpo. No pierdan la imagen. Sigan en el juego. Si les digo que la mayoría del tiempo de sesión permanece sin cuerpo, me tienen que creer. Si quieren seguir jugando, por supuesto. El cuerpo se volatiliza. Está en sesión, pero no es ella. El cuerpo de ella habita la sesión. Es un fantasma. Les sugiero que retengan esta imagen.

La presencia del cuerpo de ella como un personaje imaginario que habita el cuarto.

Si quieren , para que no nos incomode, lo podemos hacer flotar en el aire como si fuera un globo de gas con cuerpo femenino. Es toda una sugerencia. Ella sabe que el globo la ronda, que es de ella, que se hace la desentendida. Como si no le perteneciese. Cuando habla siente que habla con la cabeza. Pero todos sentimos la presencia del globo en el aire. Flota en el ambiente. Imagino que ustedes deben haber recreado alguna imagen. Algún tipo de imagen, y también imagino que se resisten a imaginar. Imagino pudor. Nuestra cultura reprime el juego. Las instancias mediatizadoras que aparecen son una especie de pudor o rechazo a lo infantil. Olvidaba un detalle. Tiene una sonrisa muy linda.

La fantasía inconsciente se nutre de esta matriz imaginativa. Se compone de estos elementos.

No se deja medir, por ahora, con aparatos. Sólo se deja entrever con nuestra imaginación.

El psicoanálisis no es la ciencia que estudia la imaginación. El problema es que los psicoanalistas exploran la poesía del alma.

El psicoanálisis es poesía. El insight es poético. La buena interpretación es poética (Pichón-Rivière).

Cuando les digo que la paciente habla con la cabeza y que su cuerpo (globo) flota en el aire, ¿ustedes me creen?

Coloquen a la paciente a un metro y medio de ustedes. Los está mirando, pero les ruego que sobre la cabeza de ustedes imaginen otro personaje. Digo que encima de ustedes hay otra cabeza flotando; a veces esta cabeza coincide con la cabeza de ustedes y a veces está por encima. Esta cabeza imaginaria mira permanentemente a la paciente. Es el Padre. Está mudo.

A veces habla. Pero cuando habla, habla desde dentro nuestro. Digo mío. Digo ustedes.

Quiero decirles que la cabeza tiene dos movimientos. O no habla y permanece muda por encima de la cabeza de ustedes o habla dentro de la cabeza de ustedes, por ustedes. Quiero decir que habla en ustedes.

Lo que dicen ustedes es sentido por la paciente como procediendo de la cabeza del padre. ¿Acaso la transferencia no es también poesía?

Cuando la cabeza no habla, generalmente mira a la paciente benévolamente.

Les invito a imaginar a la Madre. Imaginen una señora de unos cuarenta años que aparece por encima de la paciente. Les invito a visualizar su medio cuerpo. Quiero decir que sobresale de la silueta de la paciente. Para ser esquemáticos: lo que ustedes ven es sólo la mitad de su tronco. Cuando no habla los mira a ustedes críticamente. ¿Me siguen?

Si la paciente les habla, la Madre se encarga de mirarlos críticamente. Es una mirada descalificadora. Lo que ustedes dicen , lo que dice la paciente, o el mismo diálogo, son lo descalificado con su mirada.

Les sugiero que imaginen que la paciente no puede ver la mirada de la Madre hacia ustedes.

La paciente sólo puede sentir que ustedes se sienten incómodos por la mirada de la Madre. Pero ella no alcanza a ver esa mirada.

Es probable que la paciente capte por los gestos de la cara de ustedes, que sienten el impacto de alguna mirada. Pero en realidad, ella no puede verla nunca a la Madre . Ese es su drama.

Les invito a otro ensayo imaginativo. Cuando a veces la paciente habla, ustedes pueden ver descender literalmente a la Madre (dije ver) e instalarse en la paciente. Desciende y se instala sobre la silueta de la paciente de modo que ustedes perciben ese movimiento que la paciente no llega a ver. Lo curioso es que si la paciente habla de ciertos temas, la Madre desciende y se instala en Ella y habla desde dentro de Ella. Ustedes reciben el mensaje proveniente de la paciente, pero perciben que la que habla es la Madre instalada en Ella.

A veces ocurre algo curioso la paciente siente que el Padre habla desde dentro de ustedes, y ustedes sienten que la Madre habla desde entro de Ella.

En ciertos momentos el diálogo entre la paciente y ustedes, es el que corresponde a la Madre y al Padre. En ese instante el diálogo entre ustedes y Ella no existe. Quiero decir, no se oye. La escena es entre el Padre y la Madre.

Pero ¿Quién ve esto? ¿Quién ve que el diálogo entre ustedes y la paciente no es sino una réplica habitual entre la Madre y el Padre? La paciente no puede ver esto. Ustedes del todo, tampoco.

Es probable que un buen análisis de la situación contratransferencial les permita poder salir del personaje Padre. Pero créanme que las réplicas de la Madre desde dentro de la paciente los inducirán muy a menudo a actuar el personaje Padre (desde dentro de ustedes).

Veamos un segundo paciente: Carlos tiene 20 años, anteojos, activo militante político estudiantil. Tiene un lenguaje discursivo que a veces resulta difícil de seguir, es como si su discurso tuviera una estética aparte de su contenido.

A veces nos quedamos con las formas. Apreciamos sus palabras, aunque a veces sentimos que permanecen alejadas de sus afectos. “Milita en sesión”. Hace “psicoanálisis militante”.

Fantasea o imagina poco.Cuando a veces habla no nos mira. Pareciera que su discurso estuviera dirigido a otros. A otros que habitan la sesión. Son tres interlocutores imaginarios que tienen su misma militancia política. Están contra la pared blanca, enfrente de donde él se sienta. Son imágenes planas, y como dije sólo se modifican de acuerdo al lugar donde se sienta el paciente.

Cuando el paciente habla carece de espontaneidad; si se le pregunta una cosa muy simple, él piensa primero, mira a sus compañeros de militancia como consultando a sus pares, y luego pronuncia su discurso. Es evidente para todos menos para él que lo que expresa puede ser censurado en cualquier momento.

A veces, ocurre entonces, que detiene su discurso, consulta a sus pares políticos y continúa.

Lo curioso es que en ciertas sesiones, estos personajes también influyen en nuestras intervenciones, de tal manera que algunas de estas parecen depender de estos interlocutores. Lo que es evidente es que tienen Poder en la sesión; pero en cambio, tienen un relativo poder con María. Ella pareciera poder escapar a su influencia.

Otro fantasma que habita la sesión y que tiene influencia sobre nuestro paciente es una mujer sumamente atractiva que a veces intenta seducir al paciente haciéndole toda clase de artimañas. Por ejemplo, cuando Carlos consulta a su pares para una intervención, la mujer comienza a desvestirse. A veces hasta llega a al desnudez total. Quiero decirles, además que es bastante procaz, y que dice palabras obscenas al paciente cuando este está en el medio de alguno de sus discursos: “Antes de arreglar el mundo tenés que arreglar este asuntito conmigo”, mientras se contornea eróticamente.

Carlos intenta evitar la mirada de la mujer, pero a veces no lo consigue y su discurso comienza a perder su natural fluidez.

Tal vez ustedes a esta altura del relato se preguntarán hacia dónde los llevo, qué tiene que ver una sesión de psicoterapia con este juego de personajes imaginarios. ¿Que tiene que ver este juego fantástico e irreal con la técnica y teoría de la dinámica de grupo? Y si acaso todo este mundo de ilusión, cargado de interlocutores imaginarios, no es una manera de evitar enfrentarse con la realidad. Tienen alguna razón para cuestionarse. Pero no toda. Porque, ¿cuál es la realidad de una sesión de grupo?¿No es acaso una realidad cargada de fantasmas? ¿Qué quiere decir realidad? ¿La fantasía es menos real? O es una categoría de otra realidad: la realidad de lo imaginario. Dice Laing que “para la mayoría de la gente la fantasía no forma parte de lo que la persona considera su experiencia madura, cuerda, racional, adulta”. No vemos a la fantasía en su verdadera función sino que la experimentamos meramente como un estorbo infantil. La fantasía es una forma particular de relacionarse con el mundo.

“La fantasía siempre es experiencial y significativa; si la persona no está disociada de ella es también relacional en forma válida”.

En la experiencia vivida de cada sesión estos personajes imaginarios existen. Influyen en la experiencia y conducta de sus miembros. Negarles peso de calidad porque no se ven es ilusorio para un psicoterapeuta. Es endurecer nuestra imaginación. Se nos ha enseñado a perder meticulosamente la imaginación. Nosotros importamos durante años la imaginación de Otros.

Los duelos que hacemos son también duelos espaciales (Bachelard, Poética del espacio ).

Nos separamos de la gente y de los espacios habitados por fantasmas.

Yo soy yo, mi pareja, mi habitación y los fantasmas de nuestras proyecciones. Separarme de todo esto es un acto imaginativo.

Separarse es hacer el duelo de las paredes, de la presencia de mi mujer en la habitación vacía, de su presencia en su ausencia visible. Del espacio cargado por los dos aunque esté yo sólo. Cada puerta, cada pared, cada objeto en el espacio tiene su significación. Mi imaginación me permite recrear los fantasmas que la habitan. Son pedazos de diálogos, son actos de amor, son miradas, la historia de nuestros gestos, nuestros olores.

Todo lo que habita el espacio vacío, pero tan lleno de cosas, tan lleno de fantasmas.

Hay otro paciente que quisiera presentarles. Jorge, un joven de 18 años, sumamente atractivo, locuaz, inteligente y sensible. Su forma de permanecer o de estar en el grupo es característica. Intenta monopolizar la atención permanentemente.

No discute de política. Apenas le interesa. Es el prototipo del muchacho exitoso, proveniente de un medio intelectual exitoso que fabrica tipos exitosos (si sobreviven).

Ustedes saben algo de box. Les sugeriría que imaginen dos managers, es decir, los encargados de preparar a los boxeadores durante el match. Son los que guían sus pasos durante el entrenamiento previo y los que los alientan y orientan durante la pelea. A veces, con suerte, un entrenador con buen ojo es capaz de rescatar de la calle a un peleador nato y llevarlo a la fama en pocos años. (Generalmente el boxeador termina suicidándose: Gatica, Pereyra).

Cada gesto del boxeador es aprendido meticulosamente en el gimnasio. Hasta sus saludos.

Un gimnasio es una fábrica de gestos pugilísticos. Una familia es un fábrica de gestos sociales (una fábrica de ideología).

Los dos entrenadores de nuestro paciente son sus propios padres. Permanecen al borde del Ring. El Ring es la Vida. Ellos son Ex Boxeadores (Ex campeones; Los que viven de viejas glorias, y ahora tienen un orgullo: un Hijo Campeón). Lo han preparado a fondo y el muchacho sabe de la gran responsabilidad que le espera.

Desde el comienzo de la Sesión-Match, los padres alientan a nuestro paciente a combatir; a veces nuestro adolescente no tiene deseos de pelear, pero cuando ve a sus padres alentarlo fervorosamente, comienza a “pelear”. Lo hace instintivamente. Tiene que ganar. Ha sido educado para eso. Por otra parte no podría defraudar a sus padres. El es Eso. Un gladiador de nuestra época. Hijo de gladiadores. No tiene otro destino. Lo han definido así. Las cicatrices de sus padres por los golpes recibidos en la Gran pelea de la Vida , inducen a Jorge rápidamente al Combate. El no tiene clara idea del para qué. Supone Glorias, Aplausos (esa es la ideología familiar).

“Criar a un niño es en la práctica equivalente a hundir a una persona. Del mismo modo, educar a alguien es conducirlo fuera y lejos de sí mismo “ (Cooper).

¿Para qué pelea, para quién pelea y contra quién pelea? Sólo sabe que pelea. Tal vez lo más importante que lo mueve a haber aceptado ESTE JUEGO ES LA CONVICCION DE QUE SUS PADRES LO EDUCARON PARA PELEAR (1) . (Tal vez pensamos que los mayores saben. Ese es nuestro primer error.)

Durante mucho tiempo la energía estuvo dedicada a ESO, A APRENDER GESTOS PARA LA PELEA, NO TUVO TIEMPO PARA CUESTIONAR EL SENTIDO O LA SITUACIÓN GLOBAL. ENCARNAMOS PERSONAJES DE DRAMAS QUE DESCONOCEMOS, SOMOS INDUCIDOS A VIVIR DRAMAS DE OTROS.

La mayoría de nosotros estamos sumergidos en un trance hipnótico que se remonta a los primeros años. Permanecemos en ese estado hasta que de golpe despertamos, y descubrimos que nunca hemos vivido, o que hemos vivido inducidos por otros, que a su vez han estado inducidos por otros, que a su vez han sido inducidos por otros. (Laing)

La ideología es subterránea. Todo es como un profundo malentendido. Si despertamos de golpe nos volvemos locos. Si despertamos de a poco, nos hacemos inevitablemente revolucionarios en algunas de sus múltiples formas, y entonces intentamos modificar destinos.

Si no despertamos nunca, somos gente normal y no perjudicamos a nadie.

Volvamos a Jorge.

INTERVIENE. RECIBE ORDENES. PALABRA BRILLANTE, ATRACTIVA. GANA POR PUNTOS. PADRES ALENTANDO. CICATRICES. NO DEJARSE ESTAR. BREGAR POR LA LUCHA. ROPA DE GIMNASIA. JUEGO DE PIERNAS INTELECTUALES DE PALABRAS QUE TIENEN RITMO DE FUEGOS ARTIFICIALES. DELSUMBRANTES. BUEN PRIMER ROUND. UN MINUTO DE DESCANSO. ESPONJA DE AGUA EN LA CARA POR EL BUEN ROUND. CONSEJOS EN EL RINCON. ALGUNA INTERPRETACION LO SACUDIO. SALES. VOLVER CON FUERZA. GANAS DE GANAR. GANAR. GANAR. GANAR. G-A-N-A-R.

PADRE Y MADRE JUNTOS, ALBORDE DEL RING – CAMPEON – “CAMPEON”

HIJO CONMOVIDO – SUENA EL GONG – NO AFLOJAR ESFINTERES – SIGUE LA PELEA – “SEGUNDOS AFUERA”.

Los padres-managers permanecen sobre un rincón del salón. Miran la sesión desde el borde del ring. Están vestidos de blanco. El salón es el ring. El ring es salón. La sesión es la pelea.

Cuando finaliza la sesión-match, el adolescente mira a los padres para ver si ha ganado. Este minuto es fatal, porque en caso de no haber “ganado” los “managers” dan la espalda a su hijo, y Éste se hunde en la desesperación y tiene ideas suicidas. La exigencia de ganar es de vidas o muerte (o ganas o te abandonamos).

A veces los padres desaparecen de la habitación de acuerdo a alguna interpretación efectiva, y nuestro paciente se aterroriza. Hemos descubierto que se mira en el espejo de sus entrenadores. Si no están presentes pierde su identidad.

El es solo ESO, un brillante gladiador. SIN ESA IMAGEN NO EXISTE, NO TIENE VIDA.

Entonces recurre a la proyección en mi del papel de entrenador y ya no pelea contra mi, sino para mi y me pide aprobación por su desempeño; y de esta manera recupera parcialmente su identidad. Sólo parcialmente.

Porque en realidad sólo se recupera cuando atisba a ver nuevamente a sus entrenadores que desde el rincón le gritan: “DALE CAMPEON”, y otra vez recomienza la verdadera batalla.

La familia (internalizada) no es un conjunto simple de objetos introyectados, sino mas bien una matriz de dramas, de secuencias temporo-espaciales que se representan. Como si fuera un rollo de una película, todos los elementos están presentes simultáneamente para que entren en escena unos a continuación de otros, como en una proyección cinematográfica.

El rollo es la familia interna (R. laing). Es un conjunto de relaciones interiorizadas.

Suponemos que los argumentos están escritos, los actores listos para actuar. Como Pirandello, necesitamos actores para representar el rollo de algún argumento nuestro. Actores de nuestros rollos.

Encontramos siempre buenos actores que saben desempeñar muy bien el rol, y si no lo hacen, nosotros se lo enseñamos a cumplir con dignidad. Vivimos haciendo pactos sin darnos cuenta (o nos hacemos los burros).

La gente proyecta un rol en la gente. La gente encarna personajes de la gente. La gente es irreal. Son los fantasmas del día.

Hay buenos actores que saben encarnar muy bien los personajes de la gente. Verdaderos profesionales del juego. Unos buscan personajes y otros buscan argumentos para representar. Cuando la persona encuentra el actor ideal para desempeñar el argumento de su rollo familiar y este a su vez como actor ha estado esperando toda su vida ese argumento para representar el rollo del otro, se cierra el pacto.

La mayoría de las parejas burguesas se forman en este modelo (algunos grandes pactos son sellados entre los histéricos y los psicópatas).

Claro que el “actor” representa también simultáneamente un argumento de su propio rollo familiar.

La neurosis la padecemos y la elegimos. Existe un campo propicio, onírico, imaginario negativo, con olor a trauma, incesto, dolor, culpa, viejos placeres. Ahí nos empantanamos.

Atisbamos la posibilidad de otros caminos, como si imaginásemos nuevas rutas, pero algo irresistible nos hace marchar hacia el sendero placentero y doloroso de la neurosis. Allí conocemos la letra de los personajes del drama. Estos personajes nos habitan, nos quitan libertad, nos asfixian, son los moldes de nuestra infancia, con los gestos aprendidos sin entender, ideología que deja brechas por donde transitamos penosamente toda la vida. Asfixiados por moldes estrechos, incestuosos. La mayoría de la gente habita estos senderos y los psiquiatras trabajan allí.

El Che transitó otros senderos; en su asma era habitado por sus personajes imaginarios negativos; padecía su asma, su gran encierro estaba en su pecho, pero ese mismo encierro llevaba dialécticamente la máxima necesidad de libertad, y sus ansias de libertad se proyectaban ferozmente en su imaginación positiva revolucionaria.

La Revolución era su camino elegido. El asma era su camino padecido. Dialéctica feroz asumida por un genio.

Padecemos y elegimos. Nos determinan y nos determinamos todos los días.

Hay momentos de libertad que negamos permanentemente.

El psicoanálisis trabaja poco sobre esos momentos de libertad.

Dice Sartre sobre el poeta Genet: “ Si Genet es un genio, su genio no es un legado de Dios o por sus genes, sino una salida inventada por Genet en momentos particulares de desesperación”.

“La infancia de Genet tenía todo para haberlo llevado al derrumbe psicótico o al suicidio”.

“Los adultos proyectaron sus más terribles fantasías sobre él, el medio familiar tan adverso lo derrumbó. El pudo haber vivido el resto de su vida con sus fantasías enterradas dentro de él, como síntomas e inaccesibles a su conciencia reflexiva”.

La transformación de la fantasía (prerreflexiva) (imaginación negativa, zona donde somos padecidos por nuestros fantasmas-neurosis) en conciencia imaginativa (reflexiva), imaginación creadora liberadora, constituye el problema central. Las fantasías de Genet se convirtieron en imágenes de sus mitos. El pudo haberse convertido en una víctima psicótica de sus fantasías, pero las dominó por medio de la imaginación de sus rituales y su actividad como escritor (Cooper).

Como dice Sartre: “La practicidad de la libertad consiste en que la libertad no es libre de no ser libre”.

María: Ayer salí con Alejandro. Me sentía incómoda. No pude hablar en todo el tiempo. Era como si existiera una barrera entre los dos. El me hablaba , me miraba a los ojos y yo no le entendía. “Fue horrible”. Era como hablar detrás de un vidrio. El me preguntó : ¿dónde estás? Yo le dije a tu lado. Me dijo: no se nota. ¿Estás ausente? ¿Qué te pasa? Te noto lejos, le dije. Vos estás lejos, me dijo. Querés estar lejos.

El cuerpo globo comenzaba a moverse, agitarse, en la sesión.

Se agita. Hay una pausa larga. El cuerpo globo nos golpea a todos en la cabeza. Se mueve rítmicamente. Tiene un movimiento sensual. Muy atractivo. Va y vuelve.

María: Esto me pasa muy a menudo (me mira fijo. Lindos ojos pienso). La sensación es de que lo que hablamos no tiene que ver con lo que está pasando entre los dos.

El cuerpo globo se mueve ahora muy sensualmente. Es obvio que el globo coincide con la mirada de ella. Es el cuerpo que corresponde a su mirada, a lo que me hace sentir con su mirada. Sus ojos bailan. Como un rompecabezas. Si tuviera que armarlo diría que los ojos sensuales con que habla del tema corresponden al cuerpo globo que baila en el aire. Pero hay algo curioso. Me parece que nadie sería capaz de hablar de esta conexión. Yo tengo miedo. De qué tengo miedo. Los ojos de ella tienen interferencias. Quiero decir que hay algo que mete miedo. La veo ahora como desdibujada. Como si me mirara otra. Algo me critica. ¿Cómo es posible que me critique? ¿De qué me critica? No es ella, pienso. Ese gesto duro no es de ella. Me doy cuenta. Está poseída por la Madre. Se me escapó el descenso.

Quiero relatarles la simultaneidad de situaciones: hay un relato inofensivo de una incomunicación entre adolescentes, hay un cuerpo que flota que nos engloba a todos, una mirada sensual, y una mirada crítica que se opone a la explicitación de toda esta totalización.

Mirada que no deja pensar. La mirada de ella paraliza con interferencias. Mira y atrae.

Mira y critica. Yo pienso que los ojos que miran y atraen están interferidos por otros que critican.

Carlos: Es que vos tenés una vieja que no te deja estar con nadie. Si no te zafás de tu vieja estás jodida.

Me sorprendió mucho. ¿El vio lo que yo vi? Yo me muevo captando una dimensión. ¿ Por qué dijo él eso? ¿Qué habría sentido? ¿Cuál fue su proceso? Eso es lo que me preocupa. Yo escucho sus palabras. El habla de la Madre. Pone al descubierto al personaje que impedía la explicación de la TOTALIZACION. A mi lo que me preocupa es por qué lo dijo ¿Qué proceso siguió?

María: (muy severa, mirada crítica): Yo creo que estás diciendo boludeces. ¿Qué tiene que ver la vieja?

Para mi ya es la Madre. Ahora cuando habla la veo claramente. Ya no habla María. Habla poseída por la Madre.

A mi me da pena. Me da la sensación de alguien que se siente acorralado.

Pero también siento que no es mi conducta habitual. Algo me hace sentir benevolencia.

Esto no es mío pienso, pero igual intervengo.

Yo: ¿Por qué contestás tan bruscamente? No comprendo.

María: Porque el es un boludo y usted también. Porque salen con esas cosas (la sigo viendo poseída por la Madre).

Yo me siento como sometido a ella, como si fuera una escena que no corresponde. Algo que viene como de afuera.

Jorge: Tiene razón. ¿Por qué se hace siempre el conciliador? (a mi).

La veo a ella, me sigue mirando duramente. Me doy cuenta de que estoy en un brete.

Ni la reacción de ella es de ella, ni la mía es mía. Encarnamos una escena. Tampoco se siente la presencia de su cuerpo en la sesión. Prima la violencia. Yo tengo una especie de miedo. Una sensación extraña de cambio. Como si estuviera en otro espacio. Me sigue mirando con odio. Me doy cuenta de que el Padre y la Madre nos han invadido.

Trato entonces de englobar a todos los interlocutores presentes y arrimar la bocha hacia una comprensión totalizadora. Pero no pienso. Recuerdo las imágenes.

Señalo que siempre que María habla de un problema de pareja, su cuerpo parece flotar en el aire, como si pudiese hablar sin cuerpo, pero que su mirada me confirma que el cuerpo de ella que intenta mantener alejado de ella está presente. Pero que lo aleja porque siente que su Madre le impide sentirlo, acercarlo a su experiencia. Que yo siento que la forma como se desconecta de su cuerpo es convertirse en una madre crítica que le impide hablar de ciertos temas.

Le digo que yo había sentido su mirada crítica como no correspondiente a ella sino a un personaje que ella encarnaba y que interfería entre nosotros.

Cuando Carlos habló de la “vieja”, me di cuenta que percibía la presencia de la Madre “en” ella.

Que cuando ella encarna el personaje hace desaparecer su cuerpo de la sesión, su sexo, y que también desaparece ella y que yo me siento entonces convertido en el padre sometido a la presencia de esa Madre castradera. Que yo desaparezco de sesión. Que el sentimiento que me embarga en ese momento es de sometimiento y que siento que la Madre es el Personaje Predominante (le señalo, además que el Padre de ella siempre fue vivido por ella como sometido a la Madre).

Hablo de estos personajes y su cuerpo flotando entre nosotros, pero fuera de ella; su mirada femenina y atractiva desconectada de su cuerpo, la Madre encarnada a través de su mirada crítica, el Padre sometido vivido por mi, y la percepción de irrealidad, de que Ella no es Ella, sino que parece ser retazos de experiencia de otros. Que estos retazos parecen poblar la sesión; son fantasmas que habitan y que son los mismo que le impiden ver a la gente con sus ojos; que le impiden sentirse por entero o asumirse globalmente. Que son los mismo personajes imaginarios que le hicieron decir ayer que ella pone barreras con la gente y le impiden entender siempre a fondo lo que dicen.

Por eso se siente detrás de un vidrio y le preguntaba ayer: ¿Dónde estás?, como si captase que en ese encuentro ella no estaba con él sino representando escenas de un mundo que no le era propio. Que nuestra misión era poder darnos cuenta qué escenas representa como no pertenecientes a ella, qué personajes encarna, y con qué finalidad.

Silencio.

Carlos: Pero nena, ¿con el cuerpo que tenés y todavía no lo asumís?

Jorge: Mirátelo un poco.

Yo: Dice que mires tu cuerpo con tus ojos, que lo reconozcas y lo aceptes como tuyo. Que no lo mires con los ojos de “tu Madre”, sino con los propios.

María se mira atentamente y es mirada por nosotros.

Ahora el globo está en ella. Su cuerpo está ahora en ella. Ojos y cuerpos pertenecen a un mismo ser.

Hay una sensación de integración. De completad estética. De imaginación creadora. Ahora podemos imaginar libremente.

Yo diría que la imaginación “negativa”, los fantasmas que nos habitan y que nos pueblan, han cedido lugar a través del insight a la imaginación creativa, liberadora, transformadora. Ese espacio libre, lúdico, estético, poético, nos permitió vivir fuera de las disociaciones habituales un momento de integración y captarlo entre todos.

Este es el momento creativo máximo de la sesión. Aquí daría su máximo fruto el PSICODRAMA MORENIANO. Aquí la espontaneidad sería creación colectiva.

Hay en el juego algo que aún no encontró su lugar en la bibliografía psicoanalítica (Winnicott).

Durante la sesión, a María la hacemos encarnar todos su personajes imaginarios: a) su cuerpo; b) su madre crítica; c) su padre benevolente y sometido. Todos encarnamos, ahora, todos los personajes de la paciente. Jugamos con sus fantasmas. Exorcismo dramático. Elaboración “colectiva dramática”.

Ahora deja de actuar “inconscientemente” sus personajes, ya no es “poseída” por sus fantasmas cuerpo-madre-padre; no actua trozos de su rollo familiar. Ahora a través de su imaginación se libera de ellos. Comprende cuándo, por qué y para qué los encarna. Este momento es el de máxima expresión liberadora.

Ahora puede “jugar”. Recién podemos jugar creativamente, con el máximo potencial de nuestra imaginación, cuando nos liberamos de nuestros fantasmas; cuando dejamos de estar poseídos por ellos.

Sobre el juego poco sabemos, porque sabemos poco de la imaginación. De la creación artística en general.

El juego, desde el punto de la perspectiva kleiniana, se refiere más al uso de éste, que al juego en sí.

“El terapeuta busca la comunicación del niño y sabe que por lo general no posee un dominio tal del lenguaje que le permite transmitir las infinitas sutilezas que pueden hallar en el juego quienes la busquen. Esto no es una crítica a M.Klein, ni a otros que describiremos en el uso del juego de un niño en el psicoanálisis infantil. Es apenas un comentario sobre la posibilidad de que en la teoría total de la personalidad del analista haya estado muy ocupado utilizando el contenido del juego como para observar al niño que juega y escribir sobre el juego como una cosa en sí misma”.

En mi opinión, deberíamos esperar que el jugar resulte tan evidente en los análisis de adultos, como en el caso de nuestro trabajo con chicos. Se manifiesta por la elección de palabras, en las inflexiones de la voz y en el sentido del humor.

“Lo universal es el juego y comprende a la salud, facilita el crecimiento y por lo tanto esta última conduce a relaciones de grupo: puede ser una forma de comunicación en psicoterapia y, por último, el psicoanálisis se ha convertido en una forma muy especializada de juego al servicio de la comunicación consigo mismo y con los demás.

“Lo natural es el juego, y el fenómeno altamente refinado del Siglo XX es el psicoanálisis.

“Al psicoanalista tienen que resultarle valioso que se le recuerde a cada instante, no sólo lo que se le debe a Freud, sino también lo que le debemos a esa cosa natural y universal que llamamos juego” (Winnicott: Realidad y juego.)

Sobre los interlocutores imaginarios:

“Al coordinar un grupo de psicodrama solemos buscar dramatizaciones que sirvan de expresión a lo que el grupo está experimentando en ese momento. Cuando esto se logra todos participan, entre otros sentimientos, de una satisfacción particular que tiene ingredientes de experiencias compartida, de logro y plenitud, de coherencia significativa, de placer estético, y decimos que esa ha sido una “dramatización expresiva”(2). Lo ocurrido en ese momento puede ser entendido así: la escena imaginaria, subyacente o latente(3) ha encontrado una vía adecuada de expresión o, de otro modo dicho, la escena dramatizada o escena manifiesta está muy próxima, ha llegado a ser muy similar a la escena imaginaria o latente o, de otro modo aún, lo dramatizado ha funcionado como un idóneo revelador de lo imaginario “.

“Muchas veces… nos hemos visto conducidos a reconocer que frecuentemente la conducta inhibida o inadecuada se tornaba coherente si agregábamos otros personajes a la escena. Estos personajes estaban presentes en la escena subyacente.

“Comparando la escena manifiesta con la latente, aparecían personajes en esta última que no estaban presentes en la primera. Es a estos personajes a los que llamamos interlocutores imaginarios”(4).

En nuestro ejemplo, (*) la posibilidad de “encarnar dramáticamente: a) su cuerpo, b) la madre crítica, c) su padre benevolente y la expresión dramática del vínculo madre-padre, nos dio la posibilidad de recrear la escena imaginaria subyacente. El cuerpo, la madre y el padre son interlocutores imaginarios.

El concepto de Martínez Bouquet de “experiencia compartida, logro, plenitud, coherencia significativa y placer estético” confirman nuestro sentir del caso.

Según Martínez Bouquet, estos “personajes imaginarios posiblemente contribuyen a forjar creencia tales como las de los lares, los fantasmas, los espíritus, al manifestarse por fenómenos que han sido atribuidos a factores sobrenaturales. Tienen cierta independencia (de la voluntad individual, de los propósitos y deseos conscientes de los miembros del grupo).

“Tales personajes suelen ser exteriorizaciones de objetos internos de los individuos que componen el grupo .Pero debemos señalar, por lo pronto, una diferencia conceptual: no son en todos los casos determinados individualmente. En el grupo de psicoterapia puede tratarse de un personaje forjado a lo largo de la historia del grupo; en una pareja tener características atribuibles a los progenitores de ambos miembros de la pareja, etc”.

Agrega Martínez Bouquet: “Un mismo personaje suele ocupar un lugar vacío en un momento dado y luego encarnar en uno o mas miembros del grupo, de modo que el pasaje de interlocutor imaginario, personaje interno y viceversa es frecuente” (Fundamentos de una teoría del psicodrama).

No sería improbable que como agentes de la autoridad, del Poder Terapéutico “actuásemos nuestro poder terapéutico” como representantes de los agentes de la violencia externa y reprodujéramos la dialéctica del violentador-violentado, asumiendo uno de los roles del par antitético.

Tenemos que estar atentos a no repetir las dicotomías que nos imprime la ideología de clase dominante, que intenta reproducir en todo grupo las disociaciones habituales: explotador-explotado; amo-esclavo; fuerte-débil, etc.

Habría una tendencia a reproducir en los grupos estas falsas dicotomías.

Hemos sido educados para eso. Para asumir un rol y proyectar otro ( lo peor) en los Otros.

Nuestra educación nos ha infiltrado una ideología de ganadores y perdedores. Es una cultura disociativa.

En los grupos tenemos que estar atentos a estas disociaciones que nos impone una ideología subterránea. Tenemos que descubrir estos FANTASMAS que se nos meten desde AFUERA .

Podemos fácilmente caer en el Poder Terapéutico, en la máxima expresión de autoritarismo.

La regresión transferencial, el miedo al Padre Poderoso, el sometimiento, no son sólo expresión de las fantasías regresivas infantiles de nuestros pacientes, sino también expresión de una ideología donde lo cotidiano es que el Poderoso somete al Débil, el Explotador se alimenta del Explotado, etc. etc.

En todo grupo terapéutico se recrea una “familia imaginaria”. El terapeuta también aparece incluido en esta “nueva familia” recreada imaginativamente. En este mundo fantástico el Terapeuta parece envuelto en un nuevo argumento, y el lenguaje discursivo interpretativo no desestructura la línea argumental de la “nueva familia”. Como si se actuase una historia sin saberlo, somos protagonistas de un argumento que nos posee más allá de nuestra comprensión. Intentamos desestructurar un modelo familiar y recreamos otro. Intentamos desnudar una ideología y volvemos a padecerla. El grupo construye argumentos de una “nueva familia”.

¿Cuál es esta “nueva familia” que incluye al Terapeuta? ¿Cuáles son sus influencias ideológicas?¿Que nueva fábrica de ideología estamos construyendo?

Nuevos fantasmas son los grandes actores de este nuevo drama, y a veces lo iluso reside en pensar que cuando interpretamos lo hacemos desde “afuera” del drama argumental, sin saber que el personaje que somos en esta “nueva estructura familiar” repite la letra de un nuevo argumento imaginario ( fantasmas ideológicos).

La Escena 2 intenta rescatar en un trabajo grupal, el “juego que todos estamos jugando”.

Hay que preguntarse: ¿Qué nuevos valores estamos fabricando? ¿Qué nuevos fantasmas nos poseen?

Quedan abiertas interrogantes, pero sólo así, planteándonos preguntas y cuestionando nuestra tarea, estaremos siendo fieles a nuestra misión de terapeutas.

Que no se confunda que cuestionar la tarea es desconocerla. Por el contrario, la cuestionamos cuando recién empezamos a conocerla y a quererla mejor. Esa es mi experiencia.

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(1) La utilización de las mayúsculas y minúsculas en este artículo está en función de mis propias vivencias.

(2) Martínez Bouquet, C., Moccio, F. y Pavovlsky, E.: Psicodrama: cuándo y por qué dramatizar, Buenos Aires, Ed. Proteo, 1971.

(3) El concepto de escena imaginaria, subyacente o latente, es próximo al de fantasía inconsciente grupal.

(4) Martínez Bouquet, C.: Fundamentos para una teoría de psicodrama, México DF., S. XXI

(*) Técnicamente, cada miembro del grupo con la paciente tomó los diferentes roles: 1) de cuerpo dela paciente, 2) de madre crítica, y 3) de padre benevolente. Todos los pacientes actuaron en este caso como yo auxiliares de la paciente.

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