Una Encuesta-Intervención en Italia ( George Lapassade)

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Mis relaciones de trabajo con Italia  raramente han pasado por las Universidades en tanto instituciones: algunas intervenciones en la Universidad de Lecces

 Si a lo largo de estos últimos treinta años he ido a menudo allá es más bien por invitación de los organizadores de seminarios de formación, en mi período psicosociológico,   luego a coloquios (acerca de los estados modificados de la consciencia y problemas afines),en mi período que los Italianos designaron como «antropológico». A través de estas múltiples y variadas actividades, una característica casi constante emergió rápidamente: allí tenía una actividad intelectual, una presencia cultural que pienso que en Francia no la tuve. Y, si puedo decirlo, a mi  vez, me sentía constantemente solicitado por diferentes  «terrenos»,mientras que en Francia raramente sentía el impulso a hacer cosas.

Es en este contexto de amistades múltiples, y también de llamado de terreno que yo siento allá pero no acá- un poco como si Italia fuera mi tierra exótica- que habría que comprender lo que les voy a contar ahora con  la intención de mostrar mi no-método por medio de un ejemplo muy breve.

Visitas a Rimini, a un Centro Social ocupado y autoadministrado.

 En mayo de 1921(*), voy a Bolonia, con ocasión de la presentación de un  libro de Renato Curcio, consagrado en parte al socioanálisis y, de allí, a Rimini donde voy casi cada año para concertar un seminario sobre análisis institucional en la escuela de trabajadores sociales que dirige el doctor Leonardo Montecchi.

Y allí, en esa ocasión, participo en una asamblea general del Centro Social que han instalado unos militantes políticos algunas semanas antes en el antiguo albergue juvenil  que cambió de giro al ser descerrajado y ocupado, lo que en Italia constituye el modo habitual de fundar un «centro social ocupado y autodirigido» ( un CSO),según la fórmula consagrada.

Leonardo Montecchi, quien es miembro activo de este centro – propuso esa tarde que yo diera ante esa Asamblea General una suerte de «conferencia» acerca de la autogestión. Pero esta perspectiva está lejos de entusiasmarme: prefería introducir esta cuestión de la autogestión a partir, en lo posible, de una «intervención» que aún no imagino, no conocía nada de la situación, cómo podría ser.

Y he aquí que muy pronto se presenta la ocasión de salir del dispositivo «conferencia» que, a mi juicio, funcionaba muy mal, para entrar en otro dispositivo que podría definir en referencia, más bien, a aquel del socioanálisis, (habría que ampliar un poco la significación de este término puesto que aquí no hubo orden, es tan sólo por mi iniciativa y sobre la base de mi deseo que se va a desarrollar esta intervención de tipo «socioanalítico»).

Esta ocasión para intervenir en la situación se presenta, pues, en el momento en que alguien, quizás personero de la Asamblea General (mis recuerdos acerca de este punto ,y también  de otros que seguirán,  son un poco difusos ) buscará en su lugar  de vida un grupo de jóvenes ocupantes de los cuales me dice que son «la tribe» y que no tienen por costumbre participar en las asambleas generales del Centro ya que dicen estar consagradas exclusivamente a la «política», y que la «política» no les interesa.

Llegan en compañía de sus perros. Se inicia una discusión de la cual debo decir que detalles se me escapan,  puesto que me falta el dominio total de la lengua (nunca aprendí italiano de manera metódica) y tampoco escucho bien todos los sonidos. Pero nunca tuve necesidad de comprender los detalles de lo que se dice para comprender una situación, quizás, paradojalmente, esa falta de dominio de lo que se dice me permite a veces observar mejor aquello que no se dice (pero ¿es absolutamente necesario ser bilingüe para intentar comprender) otra cultura? Los antropólogos se han encontrado con este problema hace mucho

En ese momento comprendo, con una especie de intuición desde lo que veo,  que esos jóvenes de la «tribe»  son vistos y tratados como los marginales de ese Centro. Tomo la palabra para decirlo y para, al mismo tiempo, decir en qué no estoy de acuerdo con la que me parece ser la posición dominante en esta asamblea general: en efecto, estoy  convencido, en ese momento, que la gente de  «la tribe» , por el hecho de no asistir a las asambleas, no están fuera de la autogestión y que, al contrario, son más autogestionadores que los militantes políticos que se reúnen en las Asamblea General.

Estos jóvenes de «la tribe» son autogestionadores ,desde ya, porque deben administrar juntos su vida colectiva en ese Centro en el que habitan día y noche.

Agrego que no falta mucho para las vacaciones de verano y que probablemente en el momento de las vacaciones,vendrán jóvenes de otras partes, de otros centros sociales, a pedir alojamiento a este nuevo Centro -tal como se hacía cuando los locales eran un albergue juvenil – puesto que aquí estamos en una ciudad balneario

Esa tarde no tuve conversaciones con las gentes de «la tribe». Pero  Montecchi, al escribirme, me dijo que ellos apreciaron mucho mi intervención.

Vuelvo a Rimini algunos meses más tarde (en noviembre). Montecchi había previsto que participara de nuevo en una asamblea del Centro, pero esta vez, sin tener que dar una «conferencia». Esta asamblea tiene lugar en los locales de su escuela: en efecto, la municipalidad acaba de mandar a cortar  el agua, la luz y la calefacción   del Centro, de modo que ya no es posible hacer las reuniones allí.

Me entero que hay negociaciones en curso con la administración comunal  para obtener un local que servirá de modo transitorio para tres reuniones semanales, en espera  que se haga una atribución definitiva de nuevos  locales. Pero, sobre este punto los votos están divididos


La reunión, que dura aproximadamente dos horas, está dedicada  por entero a la cuestión de las gentes de «la tribe» (ausentes), de los cuales algunos opinan que son «los parásitos» del centro.

Al término de la reunión acordamos volver a juntarnos dentro de dos días,  el domingo, en el mismo lugar.  Pero nadie se presenta a esa cita del domingo

Entonces le propongo a Montecchi ir a ver si el albergue-Centro ha sido  realmente abandonado. El está convencido de ello, pero yo insisto, y vamos allí.  Somos acogidos por siete ocupantes, entre los cuales se encuentra Simona, quien siempre forma parte de «la tribe», de la cual nos aporta novedades.

Los otros ocupantes presentes – los «homini gato»- nos dicen que son otra tribu y que en el Centro existen otras tribus como los «metallici» (supongo que los heavy metal), las «gentes del río»S Y que están allí porque eso es la autogestión: es vivir permanentemente, día y noche, en los lugares ocupados.

En ningún caso se consideran como «parásitos», de hecho, precisan, están  allí desde el primer día de la ocupación, tal como otras tribus, y que por lo tanto han participado activamente en esa ocupación.

Yo ya sabía que existían  divergencias del mismo orden en algunos  centros, entre «los políticos» y «los alternativos».  Pero no hice el esfuerzo para ver lo que esto implicaba respecto a la teorízación de esta experiencia, que, a mi juicio, no tiene un equivalente en Francia (mientras que sí en Alemania, en Holanda) a los centros sociales italianos.

Reproduzco aquí  algunas líneas de la conclusión de un ensayo que, por  otra parte, dedico a lo  que constituye la base de estos Centros:

a) La ocupación de un lugar público desalojado es el acto fundador,  instituyente, de todo  Centro Social Ocupado.

La participación activa en esta ocupación es al mismo tiempo fuente de  legitimidad (para no decir de participación en la «propiedad» del Centro). Esto se vio en el debate en Rimini, acerca del mencionado parasitismo de la tribe

b) la otra noción esencial es la autogestión. Pero esta palabra no tiene el mismo sentido para todos, y reenvía a prácticas diferentes. Retomemos el  ejemplo de Rimini: – para los «políticos», se trata esencialmente de administrar un local de reuniones, de Asambleas generales en las cuales se decidirá sin duda organizar-tal como en los otros CSO, actividades culturales alternativas pero que sobretodo parecen ser, por el momento, el lugar de discusiones políticas.

-para los «alternativos», por el contrario, la noción de autogestión remite  antes que todo a un estilo de vida y de socialización: el CSO no está autoadministrado, sino que está   habitado en forma permanente por sus ocupantes.

He aquí entonces, otra definición de autogestión: esta autogestión debe  ser permanente, y el CSO es considerado pues-por las tribus que lo habitan- ante todo como un lugar de vida alternativa».

Otros comentarios

Los muy breves encuentros con las gentes del CSO de Rimini son los que me llevaron a precisar así lo que hasta este momento, había quedado un poco difuso para mí.

Esto difuso  puede ligarse quizás al hecho  que, cada vez que voy a Italia me parece que estoy confrontado con la diferencia extrema entre aquello a lo cual estoy confrontado y aquello que conozco de la cultura francesa, en particular de su dimensión política.

Los centros sociales italianos son un ejemplo de ello: ya he recordado que estos no tienen un equivalente en Francia, por lo menos en lo que respecta a mi conocimiento (si se los encuentra en Alemania, sería interesante comparar estas instituciones de jóvenes en las dos naciones).

No interesaron, me parece, a los sociólogos italianos (no conozco sino una excepción) y recientemente tuve muchas dificultades al intentar elaborar una presentación algo sintética de estos CSO y describir en particular el contexto político de los primeros centros (el centro Leoncavallo de Milan es ocupado en 1975 y autoadministrado a partir de ese momento). Ahora bien, me tocó participar en cierto número de manifestaciones políticas en Italia y también en la ocupación de la universidad de Roma durante el invierno del año 1990 (el movimiento llamado de «la pantera»). Además, he conocido cierto número de CSO en Italia, y más específicamente en Bolonia

Es posible que esta pequeña encuesta-intervención de Rimini haya sido  para mí un suceso catalizador que me permitió  esbozar una especie de  primera percepción sintética de lo que sucede en los CSOS

b)  Y vuelvo al » método», o al no-método, de esta encuesta muy breve sin duda (no duró sino algunas horas).

Hoy en día ya no veo tantas diferencias entre la etnosociología y una psicosociología que no sólo es consultante e intervecionista, que practica en terreno la observación participanteSLas fronteras entre las disciplinas me parecen cada vez más artificiales.

Dicho esto,  hay en mi quehacer una dimensión psicosociológica notoriamente visible en la importancia que pude dar,en Rimini, a la presencia de sub-grupos, a la relación Inter.-grupo  referida al rechazo de los desviantes en la asamblea general (la actitud de los «políticos» con respecto a la tribe), y, por otra parte, en mi comportamiento intervecionista (por otra parte, tengo por costumbre, cuando intervengo en alguna parte de modo más acordado a la demanda – en un seminario de formación del tipo «grupo T», por ejemplo, en general no dudo en formular mis elecciones en la situación, por ejemplo, a favor de tal o cual opción a tomar: de modo que estoy muy lejos, opuesto diría, a la regla de neutralidad del formador, o del interventor, y creí, en un momento dado de mi evolución, poder legitimar este modo de actuar, tomando el ejemplo de los animadores de grupos de encuentro californianos, por oposición al modelo ideal de neutraliadd del monitor de grupo T, quien no explicita sus implicaciones).

Existe también, siempre en mi práctica en terreno, un aspecto más etnográfico que se desarrolló en mí a partir de algunas experiencias en antropología exótica (stambali, macumba) o a través de encuestas etnosociológicas (encuestas acerca del rap, en Francia y en Italia, con, por otra parte, también allí, mezclas de orientación etnográfica  e investigación-acción).

Aquí también- a propósito de la etnografía y de los roles del etnógrafo en terreno- creo necesario decir donde me sitúo  respecto la doctrina del justo medio (entre inmersión y distancia) que Adler y Adler atribuyen a la tradición de Chicago), esto por una parte y, por otra, la inmersión radical en la situación.  En principio me parece preferible la inmersión radical, pero mis etnografías son muy breves para que pueda practicarla.

En fin, mezclo contínuamente, en terreno, los diferentes tipos de aproximación. Por otra parte he presentado mi modo de trabajar  «en terreno» como un «maestreo» (manualidades varias) .  Pero ¿cuál es el investigador que no «maestrea» ?   También es verdad que las diversas presiones que se ejercen sobre él en el momento de publicar lo empujarán enseguida a disimular ese mosaico, a prohibir su confesión

Saint Denis, 17 de Diciembre de 2001
(*) Es exacto lo que dice  el texto original, pero es probable que haya un error.

Traducción del francés  por Marcella  Chiarappa

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