El sueño de un jardín (Livia Sepúlveda – Francisco Javier Calvo)

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“…soñé que nos encontrábamos en el Jardín cuando comenzaba a temblar, como un terremoto…, nosotras teníamos que afirmar las paredes para que no se cayeran, ni la pensábamos, había que hacerlo en vez de salir arrancando…”

Las instituciones no son solamente los objetos o las reglas visibles de las relaciones sociales, tienen un lado escondido que se muestra en lo no dicho, en lo reprimido y que constituye lo que el Análisis Institucional se propone develar, descifrar, interpretar. Sacar a la luz lo escondido pasa por reconstruir relaciones de sentido entre elementos que aparecen dispersos.

Con esta idea partimos, a principios del ´98, a investigar un requerimiento de “supervisión” del trabajo que se realizaba en un Jardín Infantil que se ha definido como “alternativo”, “especial”, donde además de niños normales se recibían niños con déficit de algún tipo, en este caso eran niños diagnosticados como Autistas y algunos con síndrome de Down. Situación que según la Dirección del Jardín fundamentaba la necesidad de una “supervisión”, tanto para ellas como para el resto del personal, ya que el cuidado de estos niños generaba mucha tensión. El Jardín contaba además con una piscina temperada que les permitía ofrecer clases de natación infantil durante gran parte del año.

Una vez analizada la información surgida en las sesiones diagnósticas se les propuso realizar un trabajo de esclarecimiento y diagnóstico acerca de las consecuencias que la actividad cotidiana en el Jardín tenía sobre quienes ahí laboran. El trabajo propuesto se realizaría bajo los supuestos de la técnica de los Grupos Operativos desarrollada por Enrique Pichón-Rivière; desde esta perspectiva nuestra labor sería desempeñada como un equipo técnico compuesto por un coordinador (psicóloga) y un observador (psicólogo); con una duración de quince sesiones luego de las cuales evaluaríamos la posibilidad de una nueva propuesta de trabajo.

Esto implicaba trabajar con todo el personal involucrado, en total nueve personas que se distribuyeron en dos grupos: el primero estaba compuesto sólo por las tres dueñas que al mismo tiempo eran la dirección del Jardín y su personal especializado; el segundo lo componían seis auxiliares.

En un primer momento, el Grupo de las auxiliares tendió a constituirse como un espacio para decir “cosas” como quejas y críticas respecto del Jardín, de su administración y de la forma de funcionamiento de las Tías como tías y como dueñas. Aparentemente el compartir estas inquietudes en el Grupo era parte de una estrategia que buscaba hacer cargo a la Coordinación de comunicar a la Dirección del Jardín este aspecto del conflicto. Sin embargo a poco andar el Imaginario de la Institución dio cuenta de acuerdos tácitos y de reglas no dichas que ponían en evidencia un doble discurso que cruzaba toda la Institución. Cuando hablamos de Imaginario de la Institución. nos referimos a lo que Anzieu, D. entiende como la representación o auto representación que todo Grupo tiene de si mismo. En este caso el Grupo, a través del discurso manifiesto, actúa como si de verdad tuviese claro el lugar que ocupan sus integrantes dentro de la Institución y al mismo tiempo el grado de violencia que ésta ejerce sobre ellas; entonces en el sueño aparece el terremoto “…nosotras teníamos que afirmar las paredes, ni la pensábamos, había que hacerlo en vez de salir arrancando..”. “…teníamos que, había que hacerlo…”; en el momento nos preguntamos de qué se hacen cargo, por qué, para quién. Aparece aquí la consigna Madre de la normatividad implícita de este lugar “…aquí todas tienen que apechugar, con lo que fuera, viniera de donde viniera…” El Jardín es entonces mucho más que un lugar de trabajo, el quehacer cotidiano se transforma en un medio para apuntalar las paredes que sostienen el SUEÑO del Jardín, pero es como si soñaran el Sueño de las Dueñas, viviendo una angustia ajena como propia, haciéndose parte de un proyecto que no les pertenece pero que de algún modo las repara y las protege, al mismo tiempo que las enfrenta a exigencias para las cuales no están preparadas. Algunos emergentes dan cuenta de sus contradicciones: “…somos como una familia sin comunicación…, las tías deciden…ellas se van, yo me quedo…, las tías nos dijeron lo que podemos decir…, es mejor quedarse callada…, aquí uno guarda, guarda y guarda…, hay que cuidar lo que uno dice y como se dice…, los que hablan siempre terminan siendo atacadas…, me gustaría tener más formación para trabajar con niños autistas…, los niños con problemas nos ponen en problemas… ”

Con el desarrollo de nuestro trabajo, y a partir del material producido en el Grupo de las Tías-dueñas, fuimos entendiendo que la imagen del Jardín como un Sueño condensa una historia compartida por las dueñas, que arriendan la propiedad para crear un lugar de encuentro que sirviera de refugio a los perseguidos políticos o para realizar reuniones que en los años de la Dictadura eran una amenaza para la vida de las personas. Entonces el Jardín era la fachada, tal vez en estas situaciones surge la ley del “Apechugar” mediante una lealtad incondicional que resultaba en un grado de exigencia altísimo y por todas respetado, aunque al momento del llamado circulaba con fuerza la culpa, la sensación de sentirse manipuladas, enrabiadas, absorbidas por el trabajo; sobre todo las auxiliares de mayor edad que pertenecían al proyecto desde sus inicios, ellas imponían un discurso a las más jóvenes y por tanto las más nuevas, que pretendía hacer coherente el manejo del poder en la Institución. El Jardín también es la “Casita” donde las que van siendo madres llevan a sus hijos, en el Imaginario de este Grupo la casita es un refugio, una cueva donde las “leonas” jóvenes con sus cachorros pueden todo y casi contra todo; deciden recibir a todos los niños que tengan problemas y protegerlos. Afuera la realidad es enloquecedora y hostil.

Hoy perciben un terremoto como inminente, el comienzo de la desilusión, de empezar a verse de una manera distinta, que nada tenía que ver con la realidad actual. La Casita v/s la Empresa, por primera vez parecían distinguir ambas y sus diferencias. Mostrar las consecuencias que tenía para ambos Grupos el esperar que todos siguieran compartiendo el mismo Sueño fue un camino difícil y doloroso.

Gran parte de los contenidos del SUEÑO del Jardín surgieron de la significación que le atribuían a la piscina, ésta representaba el proyecto que con tanto sacrificio habían construido. En un primer momento era una entretención que ofrecían sólo durante el verano, luego le pusieron una carpa y un sistema que mantenía temperada el agua de forma que pudieron adelantar y extender las temporadas de, ahora, clases de natación; por último realizaron la inversión más ambiciosa construyendo una piscina techada y temperada por medio de caldera, esto les trajo una deuda que arrastraban como lastre permanente, que les servía para explicar muchas de sus dificultades económicas, dificultades que comenzaban a afectar sus compromisos laborales con las auxiliares, acudiendo el mandato latente de que todas debían “apechugar” en los momentos difíciles, provocando en los otros la sensación de culpa, como si el trabajo y el sueldo fuera un favor otorgado por la Tías. Esto sirvió para mostrarles las dificultades que generaba la no diferenciación entre los compromisos económicos que habían adquirido y la responsabilidad que tenían para con sus empleados.

La piscina también representaba la locura del trabajo, el “desbordarse” como metáfora de la interdicción. Durante la temporada alta, es decir los meses de verano, los límites para definir el número de niños que podían matricular eran en extremo elásticos, llegando, con frecuencia, a sobrepasar las posibilidades de la infraestructura y del personal contratado. Como bien lo describían eran semanas de locos donde no había un minuto de descanso durante el día. La enajenación del trabajar en la piscina, el temor ante la posibilidad de un accidente, el calor sofocante, el espacio reducido producto del numeroso contingente de niños; todos estos elementos configuraban la viva imagen de lo que vivían en el Jardín durante el resto del año, donde el agua era la única diferencia.

Entonces el Jardín sueña que hay un terremoto, el terremoto es el derrumbe del SUEÑO. el Jardín sueña que se va morir, apenas sostenido “…teníamos que afirmar las paredes para que no se cayeran, ni la pensábamos, había que hacerlo en vez de salir arrancando…”

El trabajo con los Grupos se constituyó en una tarea dolorosa de permanente desilusión y constituiría el tema de otro trabajo el analizar nuestra implicación.

Constatamos una vez más que lo no dicho institucional se construye ocultando como se dieron los orígenes del Proyecto y que opera como un mecanismo que perpetúa el no-cambio.

Al mes de terminada nuestra intervención el Jardín redujo su jornada de funcionamiento sólo a la mañana, esta decisión había sido tomada a mediados del trabajo realizado con nosotros producto de lo que ellas llamaron “el darse cuenta”. En la actualidad el proyecto es cerrar definitivamente en diciembre del ´99, conservando el trabajo con la piscina, convirtiendo el lugar en un espacio abierto para realizar talleres infantiles.

Agosto de 1999.