Represión Psíquica-Represión Política (Horacio Foladori)

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1. El caso

    Llega tarde  y entra medio como apurado, se justifica  con que  hubo un taco  y se  demoró. Le pido que se recueste en el diván. No cabe , pone una pierna y la otra le queda como colgando. Da la sensación de que se va hundiendo de a poco. A su vez la cabeza  parece  como que no encaja – luego sabré que tiene sólo 130 años -. Como por la mitad hay un gran cinturón donde se lee ¿Vió, vió?  Todo lo que veo – y que me impresiona – es una gran  presa en construcción. Pienso,   como para mi  ¿quién estará preso ? ¿Por qué estará preso? Justamente  en ese  lugar la vestimenta contrasta,  nace como una prenda de  un tejido de lana firme, con colores que a pesar del tiempo – se nota que  lleva allí más de 500 años – sostiene toda su dignidad y marca su diferencia   con el resto, un tanto roído,  como con trozos de plástico con colores vistosos  pero no hacen juego.  Parches,  combinación  desordenada de modas diversas, cocidas  de manera desprolija. Sorprende las diferencias entre los collares de oro  y atuendos de  sedas,  al lado de trozos ya muy gastados, en hilachas que dejan ver  a su vez una piel  también curtida. Hay trozos rotos. A esta imagen convergen  otras con igual intensidad y sentido. Pienso que  ésta debe ser  una muy rica  metáfora del conjunto: lo roto desde tiempo inmemorial o ….. desde el memorial.  Mas tarde me entero  de que  el roto  chileno  ha constituido con el tiempo  una cierta inversión;   de un lugar desvalorizado se ha convertido ambivalentemente en  orgullo nacional.  Una novela sirve en su época para fundar un estilo, plasma una cierta ilusión de identidad.

    Se me ocurre otra  inversión y la propongo : ¿ Roto  chileno o chileno roto ? Por momentos el  discurso se sitúa  en las familias rotas, desintegradas  y exterminadas.  Recuerdo que otro paciente  de una época similar  hablaba  de una trilogía  de destinos:  Encierro, destierro o entierro.  Aquí, el entierro  en muchos casos, ya  no fue posible.

    De pronto,  en ese discurso  melancólico aparece otro texto. Intertextos, todo  discurso   es un collage de textos  ya escritos. Todo está ya escrito.

    ¿Quién habla ahora?  Parece que los jóvenes, los muy jóvenes. No solamente hablan, tienen que gritar para ser mínimamente escuchados. Algo pasó con los pases, que si les cobraron  ya  o aún no, el caso es que con los pases no pasan  y eso , como es lógico  produce  protestas. Como desde la nada  ( estamos en los inicios del semestre)  surge un movimiento  que empieza a paralizar  las secundarias. Lo sorprendente es que nadie los toma en cuenta, ni los universitarios, ni los padres, ni los docentes. Eso no  reduce su protesta , por el contrario  los paros se suceden  una y otra vez,    y realizan varias marchas. Los que tienen que saber , no saben , los que se tienen que hacer  responsables, se escurren. En el discurso oficial   eso es simplemente  una pataleta  de niños chicos. Las preguntas comienzan a inquietar ¿Qué pasó con las platas ?  ¿Quién  comprometió su palabra? Como está de moda, se instala una mesa  más de monólogos.

    El movimiento avanza. Confrontado alguien reconoce que  hubo dolo, que algún micrero se llenó el bolsillo. Que alguien  que tenía que controlar, se borró, no estuvo.  La queja abandona  su matiz de pataleta  para adoptar la forma  de una interpelación, y sobre todo cuando  los pases se transforman en raspe-pases. Con el pase no pasa, por tanto raspe , y si le sale su nombre, entonces pasa…Claro está,  en Chile todos tienen su  raspe, hasta la Teletón  ¿porqué no habrían de tenerlo también los micreros? Negocio redondo.  The Clinic titula «Se chorearon los pendejos». Fenómeno extraño, los micreros retroceden tácticamente y cambian a su líder. Se acepta  negociar. El problema económico pasa a segundo plano: la discusión es si  el famoso pase es un servicio,  un beneficio o un derecho, irrumpe así el tema de fondo; invisible a simple vista termina imponiéndose.  Días después se termina aceptando el derecho de los estudiantes  a viajar gratis. Ya Freud nos había mostrado que el retorno de lo reprimido no se impone tal cual, se lo puede hacer objeto de una nueva represión y debe transitar por largos proceso de transacción para poder, de alguna manera, hacerse presente, como en el sueño, el acto fallido, el síntoma,  etc.

2. El analizador: el retorno de lo reprimido social

Un cierto análisis corresponde ser realizado sobre este acontecimiento. Es tal,  por cuanto se constituye en el contexto  en un hecho singular, un analizador , como le gusta decir a los analistas institucionales. El abril de los secundarios   instala  en el discurso social  un tema, una polémica  nueva y conmina a hablar de ella. Nadie puede quedar al margen, se constituye  como   un lugar privilegiado del discurso cotidiano, mostrando cierta recuperación de la palabra  alrededor de un tema que no la tenía hasta ese momento.  Hablar de algo de lo que no se hablaba, recuperar un cierto discurso .  Sostengo la tesis de que  el derecho de los estudiantes a viajar gratis era un tema del que no se podía hablar.

    Fenómeno similar  ocurrió cuando la detención de Pinochet en Londres, para algunos el hecho más significativo  desde el golpe de Estado. Hecho por demás insólito y sobre todo inesperado, como caído del cielo. Puesta la represión entre rejas, es posible entonces hablar. Rota la muralla defensiva , algo se cuela, y entonces  personas que  habían olvidado, recuerdan, comunican , ponen  en palabra , dicen cosas que  nunca habían sido dichas antes.

Esto ocurre con los secundarios  que hablan desde otro lugar donde el discurso social comienza por no reconocerse. ¿Desde qué lugar ?   Ellos no fueron  objeto de la tortura, de la persecución, del encarcelamiento, ni siquiera del toque de queda. Tienen a lo más 16 años, nacieron  con la vuelta a elecciones ( más preciso que hablar de vuelta a la democracia). Saben sobre la dictadura aquello que está en el discurso social, por referencia, no como experiencia personal, conocen   por la historización de otros mayores. Por ello, lo que a través de su discurso surge  tiene una doble determinación que importa señalar.

     Por un lado,  para ellos  se trata de su movimiento, de su contingencia, de su lugar propio  en esta sociedad, la de los secundarios, parte de la vida de ellos, de sus reivindicaciones, de sus luchas.   Pero por otro, se trata de un lugar  donde cierto  discurso social vuelve, donde es posible   que se exprese de manera desplazada el retorno de lo reprimido  social , porque es allí en el discurso adolescente   que se desmarca  de la represión social  global,  que ejerce la dictadura  disfrazada en la cual vivimos.

    Porque lo que mas sorprende  es que  el problema del derecho  de los secundarios a viajar gratis existió en una época remota y fue  reprimida violentamente cuando con tanques  se  empezaron a   negar  muchos derechos que  la población tenía. El modelo  implantado a sangre y fuego tenía que hacer negocios. Y allí estuvieron los militares  para posibilitar  eso.  ¿Qué negocios se podían hacer en un país de todos? Por ello , aunque los adolescentes – como discurso- no sean conscientes de ello,  su triunfo   es valorado por todo el discurso social  ya que se trata de comenzar a poner las cosas de nuevo, en su sitio. El retorno de lo reprimido  rompe  tal cual  un lapsus,   el discurso oficial produciendo  un nuevo sentido.

    Pero situémonos más allá de lo anecdótico. El problema del pase, roto ahora en tanto raspe y  redefinido en tanto retorno de lo reprimido político plantea  una disyuntiva  sobre la cual  rara vez se reflexiona.

    Lo reprimido  político, institucional (si el pase es un derecho, es entonces una institución),  es algo que está allí, está reprimido pero está y según la mecánica del conflicto social  tratará de abrirse paso con el pase (mecanismo del desplazamiento) para retornar a la concienciasocial. No está presente  pero está latente. Es decir, late, insiste, está vivo, vuelve  a la memoria accesible. Su retorno  dependerá de la coyuntura, del momento  y de la disminución  de la fuerza represiva.

3. ¿Efecto de la pérdida o de la represión?

Nótese que la memoria social  no tiene nada que ver   con los individuos soportes, no se trata de que algunos recuerden, se trata de que  la memoria se hace presente  – como retorno de lo reprimido – en otros agentes  diferentes  a aquellos sobre los que  operó la represión. Lo escrito, escrito está,  no se pierde  pero no se sabe   cuándo y a través de quiénes se recupera.

Distinto es si el objeto  ha sido perdido, porque entonces no está, no es asequible y no hay posibilidad de  que retorne. Solo resta  aceptar su perdida  , como en un duelo  o vivir el duelo  de manera permanente.

    Esta dualidad  de alternativas supone además  un cierto referente energético  ya que el yo social  se halla con distintas fuerzas según el caso. Si el objeto está perdido, en tanto objeto de amor, se fue con una parte nuestra, permaneciendo  nosotros tristes,   desganados , con esa mezcla de rabia y depresión  – cuando no de remordimiento –  que inmoviliza  y  aísla.  Recuperar las energías  depositadas en el objeto y que se fueron con él,  llevará tiempo;  la melancolía estará presente, todo será gris.

    Pero en el caso  de la represión  un litigio está presente, una lucha, una mecánica  del combate, un juego de posiciones. No hay  por tanto debilitamiento sino  movilización estratégica. La inactividad, el desinterés, la apatía , pueden presentarse entonces como  camuflajes para descolocar a la represión. El combate  es desigual  pero los recursos son ilimitados; esto es lo que nos enseñan los secundarios.

    El ejemplo de los secundarios  es tan sólo uno, pudiera haber muchos otros , tendría que haber muchos otros que se constituyen  en el retorno de lo reprimido,  si podemos   identificarlos. En este mundo complejo en que vivimos, no todo es igual, hay fisuras, fracturas, roturas por donde  lo reprimido se cuela cumpliendo su misión: derrotando a la represión. Todo depende  de cierta  escucha, sensibilidad necesaria para comprender.

    Me parece que esta  discriminación entre lo perdido definitivamente y lo que nos parece perdido pero que en realidad está reprimido,  nos induce  a algunas  conclusiones.

En primer lugar , no hay que dar nada por perdido  hasta que se demuestre que está perdido definitivamente no existiendo posibilidad alguna de recuperación. En segundo lugar , no hay que dejarse  llevar por una cierta apariencia de los fenómenos;  un poco de paranoia, de sospecha, de desconfianza ayuda a valorar los acontecimientos de otro modo. En tercer lugar ,  se requiere  de una actitud  atenta,  capaz de escuchar y percibir los matices en los procesos sociales,  arrimando a una valoración diferente de  ciertas coyunturas.

Por último,  cierta acción sobre el debilitamiento de la represión política  se constituye en una alternativa  para poder recuperar lo nuestro,  por la vía del retorno de lo reprimido.

4. La represión institucional: lo no dicho

Se trata entonces de  profundizar  un poco más  en la naturaleza de la represión   institucional, política y  realizar  algunas reflexiones acerca del  vínculo  entre represión psíquica y represión  política o institucional ya que se trata de la represión a cargo del Estado.

Hay que señalar que la represión  institucional   si bien opera como represión, en sentido estricto  no tiene las características atribuibles a la represión psíquica por cuanto no se trata  de algo que se  halla en lo inconsciente  de los diversos integrantes de la sociedad.  La represión  institucional es aquella que se instala a partir de una normativa que prohíbe hablar, acto  que funda  la dictadura en la medida en que se establece la censura previa,  así como por ejemplo,  la prohibición de reunión o de expresión. A través de este medio,    el aparato político se asegura de que ciertos significantes no circulen  por el  medio social , ciertas cosas no puedan ser dichas y se bloqueen  los caminos del intercambio de ideas.

    Una consecuencia  directa de estas medidas  como corolario es que  la represión  institucional   produce en segunda instancia,  la imposibilidad de pensar  ya que al no poder hablar, tampoco  es posible pensar sobre ello. Dado que   el pensar  se realiza únicamente con palabras,  si  se ha prohibido el uso de  palabras  se afecta entonces la posibilidad del pensamiento. Por ello es que  en los períodos de dictadura,  se produce  una regresión muy significativa en el  terreno de la cultura  ya que se estanca  la producción de  relaciones, de ideas nuevas. Van a ser los artistas  como  emergentes  del discurso social, los que  a través de sus producciones  plantearán  desplazadamente y de manera metafórica  temáticas que solamente podrán ser comprendidas tiempo después, cuando se desbloqueen los mecanismos  represores institucionales.

Por tanto, la represión institucional se sitúa en el plano de lo no dicho más que en el plano de lo latente ( o reprimido en lo inconsciente como le gustaba  mostrar a Freud).  No se trata de que la gente  no haya sabido en ese entonces y que no sepa que hay desaparecidos o que existió la tortura,  pero no es posible hablar de ello  y  su  sola mención sitúa  al sujeto  en el lugar de la ilegalidad.  (Si bien  no fue el caso en todos los países, en algunos   se prohibió que la prensa utilizara expresiones como : guerrillero, subversivo, combatiente, etc., debiendo  emplearse  términos que aludieran  a delitos comunes. ) Esto trastoca  de manera significativa  el concepto de memoria social así como la estrategia conducente a  «restituirla».  Lo no dicho institucional  no tiene que ver explícitamente con el tema de la sexualidad como en el caso  de  la represión psíquica.  Lo no dicho alude  a la manera  en como se reprime  la temática del poder y del ejercicio del poder. Por ello,  sería banal pensar que lo no dicho institucional desaparece con solamente decirlo – ya que es sabido y no inconsciente, se lo podría simplemente decir -. Lo no dicho  solamente puede ser desmantelado en tanto  es posible desarticular  los mecanismos que  hacen que lo no dicho permanezca como tal .  Y estos mecanismos tienen que ver con el  ejercicio del poder.

    En la medida en que dicho poder  sin límites, el poder  de la impunidad ya que se define como el poder total , pueda ser limitado en sus funciones , aunque   mas no sea de manera transitoria, se libera  de manera  automática  cierta palabra   en torno a las temáticas  explícita o tácitamente   prohibida.

    A modo de ejemplo , la mayor contribución  del Juez Garzón  fue generar otra normativa que  colocaba  «entre rejas»  la normativa  de la prohibición pinochetista  con lo que la consecuencia inmediata fue poder recuperar la palabra, poder expresar aquello que   estaba prohibido  que se dijera. Es decir, posibilitar la liberación de la palabra y del pensamiento en la medida en que  el  miedo – principal instrumento que es ejercido  para sostener  la prohibición – disminuyó considerablemente, por cuanto había otro poder  más fuerte,  que  podía controlar a aquel que aparecía como el poder total.

    Ahora bien , la lucha por  la memoria social   se  ha situado con razón,  en  el plano del discurso oficial porque es allí  donde debe poder  circular  lo no dicho  al igual que  es en el discurso manifiesto  donde  debe poder  encontrar su lugar  la sexualidad reprimida. Así como es a través del chiste que  la sexualidad escapa  a la represión psíquica, es también a  través del chiste que  el tema del poder  – y sobre todo del poder despótico, impune – escapa a la represión institucional. Ya Freud se había dado cuenta de que  el chiste es el más  «sano» de todas las  formaciones del inconsciente  ya que se lo construye para ser dicho con lo cual cabalga  al mismo tiempo  en el espacio intrapsíquico como  en el   interpsíquico. Se constituye entonces en el retorno de lo reprimido  psíquico y social.

5. El retorno de lo reprimido  institucional

    Deseo  abundar  en   el tema de la represión  institucional con una ilustración  del propio Freud. En su segunda conferencia  dictada en los Estados Unidos en 1909,  Freud recurre a un ejemplo para  mostrar el proceso de  la represión:  en síntesis,  supone  que dentro de la sala  de conferencias podría existir un  individuo revoltoso que lo distrajera de su tarea con  comentarios, risas y ruido. Se vería entonces en la necesidad  de detener la conferencia y solicitar  que el barullento sea desalojado (represión) de la sala, colocándose algunas sillas contra la puerta para impedir su reingreso ( resistencia). Se podría entonces retornar  a  la disertación  siempre y cuando  el individuo ahora  fuera del recinto  no generara  tal jaleo  que imposibilitara  la escucha,  por cuanto  quisiera  reingresar  y participar con los demás.  En tal caso no había mas remedio que solicitar una intermediación ( transacción)  a los efectos de negociar el  reingreso  del susodicho,  pero a condición  de que no perturbara más  el normal desarrollo de la conferencia.

Como  puede verse   a través del ejemplo, la problemática central no es llamativamente aquella de la sexualidad como podría suponerse  si Freud habla del psicoanálisis,  sino la del poder:  Se produce una suerte de atentado al orden instituído – la conferencia-  reduciéndose al revoltoso y colocándolo en el exterior de la sala.   En tal caso, ya no es necesario  volver a hablar de la situación y   se puede retornar al tema de  la conferencia. El tema del excluido ha quedado tácitamente prohibido. Va a ser el barullo  exterior el que va  a poner nuevamente al  excluido  en el discurso de la sala, produciéndose entonces una instancia de negociación política, la que de tener éxito  readmitiría al barullento  a condición de que  su comportamiento se  atenga  a las normas  de convivencia del lugar.

    Como se puede apreciar,  el ejemplo  aporta a una comprensión de un problema  fundamentalmente político . Es  muy interesante  este «desliz»  del pensamiento freudiano  ya que  se traslada el dispositivo de  análisis de los psíquico a lo político. No podía ser de otro modo por cuando  se trata de  análisis de discursos.  El análisis de la transacción  le sirve a Freud   para  concluir  que «no es esta  una figuración inadecuada  de la tarea que  compete al  médico en la terapia psicoanalítica de las neurosis.» Es extraño en este caso que Freud no haya puesto como ejemplo  lo ocurrido con alguno de sus casos, con Dora, con Juanito, con el Hombre de las ratas. ¿O es que Freud  quiere darnos a entender  otra cosa? ¿No será  que  la represión psíquica es  en una primera instancia  represión política ? ¿No se tratará de que el mecanismo de la represión  es  esencialmente  un procedimiento político y , en todo caso, no se debería hablar de política  de las relaciones interinstancias?

    Voy a sostener la tesis de  que  el  asunto hay que plantearlo justo al revés.  Freud importa el concepto de represión  del campo político-social al campo psíquico. La génesis social del concepto   se impone así en toda su magnitud. No se trata de un pasaje de lo psíquico a lo político sino de lo político-institucional a lo psíquico, y este no es el único ejemplo que da Freud, veamos. Cuando Freud tiene que  dar cuenta del mecanismo de la censura en el límite mismo entre el sistema prec.conc. y el sistema inconsciente, recurre a un ejemplo por demás célebre. Dice Freud que la censura funciona  como en la frontera rusa donde las cartas aparecen  tachadas en líneas o párrafos , en que la propia tachadura  denuncia la presencia de la censura, queda una marca. Vuelve entonces a importar  del campo político un ejemplo que le permite teorizar  el mecanismo de la censura psíquica,  mostrando que  opera como  aquella política.

La lucha política se ha situado últimamente  en torno a cómo el discurso oficial se conforma, se construye.  Porque es en el  discurso oficial donde   la ausencia de temas  se hace palpable ya que es sobre ello que lo no dicho  – como normativas tácitas –  encuentra su lugar. Los temas excluidos  lo son en tanto  la propia formulación del discurso social implica  un particular  lugar  de poder – por apropiación de éste –  el que  no puede dejar de  manifestarse  más que como violencia  sobre aquellos que  se hacen cargo  de enunciar  los temas en cuestión.  Por ello, no es necesario que se prohíba  por decreto hablar de ciertas cosas  aunque las dictaduras llegan  al ridículo de prohibir expresamente palabras – como en el caso uruguayo y argentino –  o el colmo de la payasada   cuando en ambas  márgenes del Río de la Plata se  prohíben   los 7 tangos «subversivos» de Gardel. En muchos casos basta con operar  no dando lugar  al reconocimiento oficial de dichos discursos. Otro caso por demás insólito  ocurre luego del  atentado contra las torres gemelas, cuando al  gobierno norteamericano se le ocurre  que 150 canciones  deben ser suprimidas  del discurso cotidiano. Ahora resulta que  Imagine, New York New York,  y otras  tan célebres como esas  tendrían algún tipo de valor terrorista…

6. El  mecanismo  de represión institucional

Creo que puede aportar para comprender esto  el  modelo que Ronald Laing (1969)  propone para  pensar el  secreto familiar, desde la metanormas. Laing sostiene que  no puede existir tan solo una prohibición, ya que la misma  tendría que necesariamente mencionar  el tema prohibido. Es imprescindible que exista una segunda normativa que prohíba hablar de la primera, a los efectos de que la  normativa original tampoco pueda ser enunciada. Pero a su vez la segunda normativa también tendría que ser prohibida  porque de lo contrario indirectamente se podría llegar  al tema prohibido originariamente. Esto conforma una lista  infinita de meta normas   en las  que  cada una tendría que ser prohibida  por la subsiguiente, cosa de asegurar  que jamás se pueda llegar a hablar del tema en cuestión.

    A Laing – y  nosotros – nos interesa más  trabajar sobre  el sistema  de normas (prohibiciones)  tácitas, más que aquellas  explícitas, que por serlo  ya están hablando de lo que dicen que  constituye lo no dicho. Las prohibiciones tácitas son más sutiles, creo que suponen  un sistema represor  más eficaz  ya que opera  directamente  a nivel del discurso de cada quien, casi como autocensura.

Propongo  que este sistema  que  da cuenta  de como se sostiene el secreto  al interior de la familiar  podría  perfectamente  ser utilizado para pensar  la represión política   de ciertos temas  en el discurso  oficial  del Estado. Veamos esto con  algún ejemplo sobre el modo  en que se instala y  funciona lo no dicho.

    Hans Christian Andersen  (1876) era un maravilloso conocedor del comportamiento humano. Sus cuentos, que plasman  una rica imaginación, han dado la vuelta  al  mundo generación tras generación. Su impacto en la mente de los niños no ofrece lugar   a dudas  así como  tampoco en la de los mayores.  Algunos podrían decir  que este autor  puntualizado temáticas significativas  al considerar  en sus cuentos  conflictos internos y sociales  prototípicos.

    Uno de estos cuentos conocido como el de Los vestidos nuevos  del Gran Duque  , muestra una capacidad de entendimiento de lo humano, de lo socio-institucional  y de los mecanismos que operan en los grupos.

Brevemente:  el cuento gira alrededor  de un Duque   que gusta de presentarse con los vestidos más suntuosos y variados,  y   que llega a cambiárselos varias veces al día. Llegan al poblado un par de charlatanes que se presentan como  famosos tejedores de las telas  más deliciosas y mejor diseñadas, así como por la finura de los productos empleados, hilos de seda y oro. Estos vestidos poseían la virtud de ser invisibles para  todos los que no supiesen desempeñar el oficio o fuesen demasiado brutos. El Gran Duque no puede permanece impasible ante tal oferta  seductora y decide  encargarles la realización de un suntuoso vestido  y de esta forma podrá saber el valor de cada uno de los miembros de su  ducado, distinguiendo a los inteligentes de los tontos. Los tejedores   comienzan  pidiendo fuertes sumas de dinero para comprar el hilo,  realizando una parodia  de su  arte de tejer en pura mímica ya que no hay tela visible. El Gran Duque envía varios representantes para ver el avance  del trabajo y todos,  para evitar ser  tildados  de tontos, evitan mencionar que no han visto tela alguna. Regresan al palacio e informan con cantidad de detalles de lo maravilloso del trabajo de los tejedores, de los colores y de lo fino del tejido logrado.

Así, llega el día del estreno y claro está, el Duque no puede menos que seguir la parodia para no pasar por tonto;   se coloca el vestido, el que además  es sumamente liviano, sale a la calle con toda una guardia de acólitos que  no dejan de alabar el magnífico trabajo de los tejedores  y lo bien que el mismo  sienta al Gran Duque. Todo ello transcurre en un clima festivo  hasta que un niño del público exclama «¡¡el  Duque está desnudo!!»

    Todo el cuento gira alrededor de una imagen, aquella que tiene que ver con un magnífico vestido. Nótese que la «ilusión»  se construye como una suerte de creencia, de representación imaginaria,  que tiene que ver con una imagen determinada de uno mismo . Así, el Duque  no puede dejar de pensarse portando un maravilloso vestido y ser objeto de admiración y envidia  por parte de aquellos que lo rodean, así como de estar dotado de gran inteligencia. El caso es de que  esa  imagen  es aquella que el descubre en su propio espejo donde ve lo que quiere ver . Esta «ilusión»   comienza a  circular por la masa: todos «acuerdan»  que  el Duque  está vestido esplendorosamente,   aunque en realidad «vean» otra cosa . Estrictamente hablando,  no se aplica en este caso el problema de la renegación que Freud (1927) planteara  como un problema de percepción en el fetichismo. La necesidad de  continuar perteneciendo al colectivo hace que nadie se atreva a  denunciar el tácito complot porque hay algo que ha sido normado en el discurso  popular.  De este modo , resulta por demás claro que el grupo humano  funciona   a partir de lo que tienen permitido  expresar    y en ningún caso   desde  una visión  de la realidad que se ajuste a los hechos que pudieran ser descritos. Claro está, si bien es cierto  que en el cuento todos  lo saben (que el Duque está desnudo),  en la vida cotidiana muchas veces no se sabe, en el sentido de que  hay cosas que aunque se sepan,  mejor no saberlas porque , por ejemplo,  la vida de uno puede correr peligro. En ese sentido hay que diferenciar  el tema de la creencia ( Ya lo se… pero aún así, decía Freud y comenta en extenso Mannoni (1964)) de la imposibilidad de comunicar una percepción por cuanto  dicho significante está prohibido en el discurso social.

Es decir, el imaginario social  es el que determina la posibilidad del cambio, el grupo opera  a partir de su propia representación , no a partir de lo que es. Andersen  disfruta del embaucamiento a que el pueblo es sometido, embaucamiento que  ocurre a diario y que sucede  una y otra vez cuando se tejen en el discurso social las propuestas más deshilvanadas. No se trata tanto de lo que se le hace creer a la gente como de los mecanismos que  en la gente, tienen la virtud de  operar una puesta entre paréntesis de  evidencias. «No hay peor ciego que el que no quiere ver» parece recordarnos Andersen , quien no puede dejar de ridiculizar  a la supuesta masa adulta a través del comentario del niño que  denuncia el fraude. Sin embargo, el problema parece situarse más allá de la percepción en tanto  se trata de  un mecanismo de represión política que impide hablar de algo.

    Al mejor estilo de un portavoz  – diría E. Pichón-Rivière (1971) –  el niño es capaz de poner en palabras una verdad, la que a su vez  anuncia el camino ostensible de la represión; así como la puesta en movimiento de otros mecanismos de defensa  (el Duque , a pesar de su vergüenza, sigue haciendo como si no fuese verdad lo denunciado por el niño), el espectáculo debe continuar. El aparataje del encubrimiento, el cuidado de la imagen y lo desnudo que queda el Duque – no tanto en cuanto a su vestimenta sino en lo que anuncia como mecanismos psicológicos de engaño, autoadoración y ocultación frente a un hecho  que  replantea de inmediato  su lugar. En todo caso, parece que lo obvio  es lo más difícil de ser visto y en todo caso,  dicho.

Hay algo que tiene que ver  con la desnudez y cierto recubrimiento que no puede ser dicho. No se puede hablar de ello  porque,  fue normado así por los embaucadores, que por  operar  desde un determinado lugar  de poder  tienen la capacidad de normar  las posibilidades del discurso.  Es cierto  que los tejedores se sitúan con  respecto a los demás  en un determinado lugar social de poder: son aquellos que pueden hacer – porque cuentan con el instrumental – aquello que otros  no pueden. Y desde allí proyectan una imagen que resulta  seductora  sobre  el Duque en primer lugar;  con la complicidad de éste, sobre sus acólitos. Dicho de otro modo, no cualquiera puede normar el discurso social, ello debe ser realizado desde  cierto lugar  de poder. Pero dicho lugar no es el del jefe, sino de aquellos  cercanos al jefe que tienen ciertos intereses en el asunto. La normativa entonces , la prohibición de hablar  «desciende» por la escala social y todos, de un modo u otro se van afiliando  a la normativa que reza que hay que respetar la prohibición. En todo caso, todos aparecen identificados con el lugar del duque, todos aspiran a ocupar ese lugar y gozar de los beneficios que ese lugar  les confiere; por tanto,  acatan el mandato implícito.

El niño  es el que aparece  ajeno  al poder, por tanto ajeno a la confabulación social, ajeno incluso  a la aspiración de poder y por tanto, es el que queda al margen del discurso normado. Su marginación estructural  del discurso normado  es lo que le posibilita descubrir que hay una feroz contradicción entre el discurso y los hechos; en suma, es el  único que puede pensar denunciando   el acuerdo social. Aparece como el niño ingenuo que «sin saberlo» interroga el sentido. Siempre me maravilló  aquel niño que ante un vendedor que  golpea la puerta , sale y le dice «Dice mi mamá que no está»

(*)Trabajo presentado en el Encuentro organizado por el ICHPA sobre Cultura y psicoanálisis, Santiago de Chile 2001

Bibliografía:

* Andersen, Hans Christian (1876) La sirenita y otros cuentos, Centro Editor de  América Latina, B.A.,1972

* Freud,S. (1910) Cinco conferencias sobre psicoanálisis, O.C.,T.  XI Amorrortu, B.A., 1976

* Freud, S.(1927) Fetichismo, O.C., T. XXI, Amorrortu, B.A.,1976

* Laing, Ronald (1969) El cuestionamiento de la familia, Paidos, B.A.1982

* Mannoni, Octave (1964) Ya lo se …pero aún así, La otra escena, Amorrortu, B.A.,1973

* Pichón-Rivière, Enrique (1971) El proceso grupal, Nueva Visión, B.A.